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martes, setiembre 28, 2010

Molino

Tengo mis dudas sobre el trasfondo moral sobre el que se basa este texto. De alguna forma siento que por escribirlo soy un poco peor persona. Ustedes se darán cuenta de que eso es una enorme pelotudez, pero yo, que soy el enorme pelotudo, no. El hecho es que todo este escrito está influido por una visión de este mundo nuestro que me viene surgiendo hace tiempo pero con la que no termino de sentirme cómodo. Dicho eso, aclaro que hace dos noches que no duermo para escribir esta cosa así que obviamente va a quedar publicada. Disfruten. Es una orden.


Lo primero que me llamó la atención de su blog no fueron los detalles más habituales, como su foto de perfil o el nombre que había elegido para firmar sus trabajos, sino el que a pesar de haber sido abierto muchos meses atrás, dos años quizá, el rinconcito cibernético guardara una sola entrada. El mensaje era uno de esos típicos arranques de blog en los que uno presenta a su colectivo imaginario de lectores un montón de promesas y reglas sobre lo que podrá esperar a no de sus publicaciones; nada muy original, a no ser por la imagen que acompañaba al texto: La foto de un cielo despejado que adornaba solamente un sol en pleno brillo. La idea tenía algo de profundamente inocente. Me produjo una suerte de sacudida de alegría por haber cruzado mi camino con ese ser feliz.


Marcela Ríos apareció en mi vida como un nombre más en la lista de solicitudes de amistad de mi Facebook cuando, en un día de poca actividad y mucha necesidad de poner orden a los pequeños detalles de mi existencia, decidí revisar por qué jamás les había dado luz verde a todos esos seres a los que tampoco me decidía a rechazar completamente, un poco por pereza y otro porque decirle que no a alguien me hacía sentir peor persona. Pero ese día estaba encendido por la maldad. Uno tras otro fui deshaciéndome de esos ex compañeros de colegio, amigos de mis amigos y contactos laborales con los que apenas había cruzado palabra en esporádicos encuentros. Ella apareció entre los últimos. Recuerdo que no recordaba haber recibido jamás una invitación de Marcela Ríos, cuyo nombre sonaba tan desconocido como el cuadro impresionista que había colocado en lugar de su rostro. Completé la masacre de la lista, dejando apenas algunos pretendientes menores como el instructor de karate de mi hermana y una morochita que no creí que valiese mis esfuerzos, y volví a ella. Marcela Ríos. Ningún amigo en común, ningún conocido con ese apellido... ¿Algún contacto obtenido en una noche con la coherencia y la memoria nubladas por el alcohol? Era posible. Decidí profundizar mi investigación.


Linda Marcela Ríos. Las pocas fotos que pude encontrar en su cuenta daban prueba de ello. Había decidido aceptar la solicitud en pos de descubrir como había llegado a mí aquella criatura que ahora me sonreía desde las imágenes estáticas de la pantalla. En la cama leyendo, abrazada a una amiga, mirando un horizonte cubierto por los edificios de una ciudad que parecía ser la mía. La información de su perfil me lo confirmó. Linda Marcela Ríos, dueña de una de esas miradas que hacen agujeros en las almas de los hombres, de forma que se sienten incompletos hasta no intentar, aunque sea mediante un chamuyo lamentable, conquistar la atención de su dueña y el beneplácito de esos ojos. El resto del perfil también mostraba otra información valiosa como su estado civil de soltera y unos pocos intereses musicales. Me decidí a intentar una conversación apenas se diera la oportunidad de cruzarnos por los pasillos de la web. Esperé tres horas hasta entregar la rendición.


A los pocos días volví a la carga. La chica seguía sin darse por enterada de mi fundado interés en su persona, ignorando incluso el mensaje casual/coloquial que dejé a modo de comentario en su muro. Comprendí que tal vez me había tomado demasiado tiempo el aceptar su invitación a formar parte de su red de amistades, y que a estas alturas era probable que ella tuviese tanta idea sobre quien era yo como la tenía sobre su identidad. El estado de abandono de su Facebook tampoco era buena señal de que fuese aconsejable seguir por ese camino. Me sentía empujado a seguir averiguando sobre Marcela. Su intrusión había generado en quiebre en mi cotidianeidad y ahora me costaba pasar el día completo sin dedicarle aunque fuera un pensamiento. Atajé el apuro que sentía por probar suerte en el msn con la dirección de mail que había dejado olvidada en su vieja cuenta, y decidí en cambio darle a ese dato un uso más práctico para mi sed de conocimiento sobre ella. Una búsqueda por Google me llevó a su blog.


Aún antes de lanzarme a la red de redes a la caza de todo aquello que significara una pista sobre su identidad, sentía que yo y Marcela teníamos una conexión especial. No era solo el interés físico que había disparado el descubrimiento de sus fotografías o el hecho de que hubiese sido ella quien en primer lugar había buscado mi atención. Había un algo que solo terminé de comprender cuando vi la imagen del cielo con el sol brillante. Aquella joven tan linda que había esperado inútilmente durante meses para poder entablar una relación conmigo poseía además un alma alegre, era dueña un soplo de vida capaz de iluminar el humor más lúgubre. Sonreí aunque nadie pudiera verme, orgulloso de no haber abandonado la posibilidad de conocer a aquella interesante admiradora.


El problema era que el blog era a la vez una esperanza y un callejón sin salida. No había información adicional que me permitiera profundizar sobre la esencia de Marcela, ni mucho menos dan con su paradero. La opción del msn quedó rápidamente descartada cuando comprobé que la cuenta ya había sido dada de baja. No tardé en formular la hipótesis de que podría haber sufrido el acoso de algún perverso, y que la situación la llevó a renunciar a la identificación que servía de nexo entre nosotros. Lamenté que solo le hubiera quedado esa opción para huir de los abusos de un ser enfermo. Afortunadamente para nosotros, un análisis detallado de los resultados arrojados por múltiples buscadores determinó una cantidad inusual de correspondencias con un foro de discusión orientado a comedias juveniles televisivas nacionales. Días de lectura atenta me permitieron ubicar el usuario de Marcela, quien si bien no se contaba entre los participantes más asiduos había volcado suficiente información personal como para dar rienda a mi hambre de ella.


La descubrí como un ser comprensivo, que no se irritaba con los galanes estrella de las tardes por sus desaciertos; de alguna forma proyectando en ellos los sentimientos que le provocaba mi desaire crónico. Durante semanas aprendí sus modos y giros narrativos a la hora de relatar las venturas de las princesas adolescentes. Me nutrí de esos relatos y exploré cada rincón de su personalidad que había dejado plasmada en las páginas digitales de ese viejo foro abandonado. Si antes sufría dudas de que Marcela y yo habíamos sido destinados a una unión perfecta, todas ellas quedaron superadas gracias al descubrimiento de esas cartas de amor en las que mi nombre aparecía cambiado por el de los personajes ficticios. Desesperado por concretar un encuentro, me lancé a la búsqueda de su dirección.


No me siento orgulloso de lo que tuve que hacer para alcanzar mi objetivo. Comprendan que cuando el corazón manda son pocas las cosas que uno no está dispuesto a hacer para obedecerlo, y mi orden era encontrar a Marcela aunque tuviera que explorar hasta el último rincón del fondo del Océano. No fue necesario arribar a tanto. Gracias a un viejo contacto que trabajaba en una de las grandes empresas telefónicas accedí a los registros de cuentas de los usuarios. Una súplica y pocos sobornos después, tenía en mis manos la dirección física que la titular de la cuenta había dado tres años atrás para habilitar la línea. Corrí como un chiquillo en Navidad hacia las coordenadas garabateadas en una hoja de cuaderno, arrugada por el apuro de escribir en el aire las pocas palabras necesarias.


Marcela Ríos vivía en una casa pequeña pero con aspecto cálido. Las tejas rojas coronaban la estructura blanca y de amplios ventanales en la que se había albergado durante tantos años mi prometida. ¡Alegría! ¡Júbilo! Palabras totalmente insuficientes para explicar cabalmente mi estado de plenitud. Mis dedos temblaban como ramas ante vientos huracanados cuando se acercaron al timbre que desencadenó la campanada de anuncio de mi felicidad. La visión que siguió me desconcertó.


Quien me atendió no fue la reina de mis pensamientos, sino una anciana decrépita que nada tenía que ver con la joven hermosa que había reclamado derecho de propiedad sobre mi corazón. ¿Sería un hechizo? ¿Un espejismo de un genio malvado? No podía aventurarme a perderlo todo. Arriesgué: “¿Marcela?”. “¿Qué?”, respondió ella sin un dejo de la gracia de mi prometida en su crujiente voz. “¿¡Marcela Ríos!?”, me desesperé. “¿Ríos?”, dijo finalmente, “¿la chica que se suicidó?”. El mundo se vino abajo.


Escuché de los labios de esa mensajera de la desventura como Marcela, mi Marcela, había abandonado este mundo un año atrás, producto sin duda del golpe fatal que mi extenso desaire le había provocado a su frágil corazón. Ni siquiera la ayuda providencial de las 67 aspirinas con las que intentó prolongar su espera por mi reacción alcanzó para preservarla hasta nuestro encuentro. Me maldije por mi necedad. Si tan solo hubiera bajado de mi pedestal de ego un instante para tenderle la mano a la pobre Marcela, que desde el fondo de su miserable existencia de no admitida me rogaba hacerle un lugar junto a mi, hoy yo escribiría otro final para esta historia.


Me alejé pensativo de esa casa de mal agüero. Pensando en Marcela, en su sonrisa, en su felicidad contagiosa como un sol que brilla sobre un cielo sin nubes. Pero pensando, sobre todo, en que la otra morochita del Facebook tampoco estaba tan mal. Quizá debería agregarla… para ver que onda, qué se yo.

jueves, abril 29, 2010

Probabilidad Cero

Comprobado: Pensar un tema para escribir cuando no estoy inspirado es doce veces peor que pensar un tema para una tesis universitaria. Y eso que este puto blog no me va a valer ningún diploma… Hace unos 20 minutos que estoy sentado frente a la pantalla y ni siquiera amagué a escribir una línea, no vaya a ser que se me cansen los dedos. Qué se yo… ya metí un título, voy a escribir sobre el mundial. No salió, pruebo con otra cosa. Esto viene más o menos, hay que ver como queda al terminar. Ya es cualquiera lo que escribí, ni siquiera gracioso, pero son las 3 de la mañana y no voy a tachar una hoja entera del Word. La frase del final es mentira pero la agregué para darle coherencia a esto… y la agregué antes de terminar.


Birome azul en mano. Hoja en blanco. Calzoncillos de la suerte puestos. Ángulo de visión sobre la hoja de la traga de la primera fila ajustado. Cinco minutos para el comienzo del examen y los nervios ya están crispados (como la crispación del país vio, sólo que en serio). La atención se centra en el hombrecito gordo y pelado que durante las próximas horas será dueño de su destino. Un sudor frío recorre el brazo hasta alcanzar la mano, la birome intenta escaparse de los dedos con la ayuda del pulso tembloroso del estudiante. Sin embargo, logra contenerla. Respira una, dos, tres veces. Cierra los ojos y los abre de nuevo lentamente. Todo inútil. No hay secretos en su fuero interno. No puede engañar a la propia mente con excusas baratas sobre lo bien que escuchó los temas en clase o como justo vio un documental sobre la materia hace un par de noches en el Discovery Channel. No estudió, no estudió una mierda, no sabe absolutamente nada y si no se inventa algo van a bocharlo en “comoquieraquesellameestamateria dos”.


El profesor Petiso Pelado pasa por los bancos repartiendo la hoja de examen. Cinco preguntas. Con dos porahi zafaba carajo… El teacher amenaza con terribles represalias a quienes se atrevan a incurrir en el delito de la falsificación, el robo o en el tráfico de animales por la frontera con Bolivia. Todos se ríen. El profesor se ríe. Él se ríe… y enseguida se deshace del fajo de hojas que tenía a mano para usar de ayuda memoria y del ganado vacuno que tenía en el camión. Nuevo sudor frío. Nuevo intento de escape de la bic.


Traga saliva y posa su mirada sobre su condena. Pregunta 1: “Explique con detalle la teoría desarrollada por el constructivismo”. No llega ni a terminar de leer. Intenta recordar alguna vez que el docente haya mencionado una teoría. ¿Relatividad? ¿Construcción? ¿Bala mágica? No sabe qué tiene que ver Kennedy con el constructivismo. Anota "¿Segundo francotirador?" en un margen. Tacha. Dibujito de un hombre ahorcado. Se ríe. Tacha. Nueva Hoja. Trata de ver la hoja de la traga de la primera fila pero por alguna razón su hombre parece tres veces más grande y le interrumpe la línea de visión. En bancos más cercanas solo ve desesperación. La pregunta 1 será para cuando pueda echar mano a la ayuda memoria.


Pregunta 2: “Describa la campaña de Alejandro Magno en Asia Menor”. Lee. Relee. Posta que no entendió una goma de lo que se hablaba en esa clase. Lee de nuevo. Escribe “La campaña de Alejandro Magno puede describirse como…”. Se frena. Hace cinco veces los puntitos suspensivos. Piensa. Escribe “una operación militar de gran envergadura”. ¡Envergadura! jajajajaja. ¡ENVERGADURA! Escribe “Alejandro se sentaba envergadura Magna”. JAJAJAJA. Rompe la hoja y arranca de nuevo. Cinco minutos después pasa a la pregunta 3. Lee “neoclasicismo” en alguna parte. Pasa a la pregunta 4.


Está en latín. Escribe “Alea Jacta Est” y traduce “estoy jugadísimo”. “El latín era el idioma de los romanos”. Escribe algo sobre Roma, Milán y sobre el partido Barcelona-Inter. Se queja de como no le cobraron el gol al Barsa y como en el Inter, si bien no es romano, antes hablaba latín, pero bardearon cuando la Roma se puso arriba en la tabla. Ataque de memoria: Vuelve a la pregunta 3 y escribe “33,5”. Retoma la 4 y aclara: “Pero los romanos perdieron y quedaron dos puntos abajo en la liga”.


Pregunta 5: Multiple choice. Elige la opción a. Tacha y elige b. Tacha y elige a y b. Tacha y elige “todas las anteriores”. Tacha y elige “ninguna de las anteriores”. “Todas las anteriores salvo la b”. “Ninguna de las anteriores salvo la c (o sea, la c)”. Tacha. Elige todas pero haciendo un circulito borroneado para que parezca que pudo haberla elegido o no. Que quede a criterio del profesor. Tacha al profesor. Vuelve a la pregunta 1. Escribe “b”. Tacha. Escribe "c pone envergadura". Se rié. Tacha. Entrega.



Esta es una pesadilla recurrente que tengo cada vez que voy a dar un examen. El texto no lo aclara pero el protagonista también está desnudo y por alguna razón en Francia, hablando en latín.

viernes, abril 16, 2010

Las cinco fases de escuchar a tus vecinos

¡Ya está! Me saqué la modorra de encima. A escribir…

Una de las bellezas de nuestra sobrevalorada vida moderna es que nos permite vivir en cómodos apartamentos ubicados en edificios (reservando las arcaicas moradas unitarias para los estratos más altos y más bajos de la sociedad) donde la creciente pérdida de intimidad que los inquilinos de las viviendas van sufriendo se hace más evidente a medida que las torres se vuelven más y más altas y las paredes menos y menos gruesas. Por si el título no lo dejó claro, estamos (desde la cuarta línea ya pueden ser considerados cómplices del crimen) hablando de escuchar a quienes viven en los habitáculos contiguos al nuestro cumplir el vil acto que en las sagradas escrituras del Kama Sutra se define como “ponerla”.

El sexo es hoy como siempre la necesidad más básica de quienes reconocen que garantizar la supervivencia de la especie es la razón por la que estamos en el mundo. Al mismo tiempo, es también la necesidad más básica de quienes reconocen el ponerla, o recibirla en todo caso, es la razón por la que estamos en este mundo. Debido a que ese rango abarca un porcentaje presumiblemente alto de la población mundial (decir “todos” es un poco exagerado, asumo que habrá quince personas que prefieren priorizan el escribir un libro, plantar un árbol o jugar al World of Warcraft), no sorprende que la práctica sea tan común entre los seres humanos, aún en ambientes tan escaso de privacidad como el baño de un avión, la fila H del cine y el sillón del living con tu vieja (¿por qué? Porque le encanta). A pesar de los grandes avances que ha hecho el individuo social en aceptar la realidad de que otra gente también la pone, y siempre mucho más seguido que vos, y con tu vieja; una prueba indirecta de este suceso como puede ser el escuchar a alguien dar evidencia concreta de ese hecho durante dos horas seguidas en el apartamento de al lado aún desencadena en nosotros una serie de reacciones perfectamente divisibles en cinco fases para comodidad del lector.

Fase 1: Negación

Se escucha un ruido extraño a través de la pared y lo primero que queremos pensar es en que la vecina no está haciendo lo que a nosotros nos gustaría estar(le) haciendo. Las excusas que tratamos de imponernos como “es una ventana que está abierta” o “es una película”, quedan rápidamente descartadas cuando el ruido de la ventana suena extrañamente parecido al nombre, apellido y número de seguro del señor del sexto piso. A esa altura sólo queda dejar lugar a la aceptación o convencerse de que se trata de un intento de homicidio e irse a dormir con la conciencia tranquila.

Fase 2: Ira

“¡Desubicados!”, piensa nuestro yo hipotético, “Gritar de esa forma sin consideración por los demás inquilinos”. La situación nos parece una vergüenza, una afrenta, un escupitajo en la cara a la moral y a los valores sociales. Hasta que nos damos cuenta que si fuera uno es ser que estuviese llenando el formulario, importaría poco y nada el que él o ella lo grite en los tímpanos de todos tus habitantes contiguos. Es más, si a vos querido lector, tu vecino te encarara a la mañana siguiente de una noche de lujuria desenfrenada, sus apelaciones al respeto y decoro sonarían tan fuera de lugar como los Teen Angels haciendo de teloneros en un recital de la Renga.

Confío en la honestidad intelectual de las 15 personas a las que les llegará esto como una cadena de Spam (reenvíalo a otras 15 o tus vecinos la van a poner todas las noches con lujo de gritos de acá hasta que te mudes a la Patagonia). Ustedes saben que la bronca es por envidia, frustración o porque no tenés ningún huequito en la pared para espiar. Lo que nos lleva a…

Fase 3: Curiosidad

De pronto ya no negás el ruido, mucho menos te resulta molesto. A esta altura estás irremediablemente desvelado y la falta de programación decente en la tele a esas altas horas (a menos que tengan Premium, en ese caso pueden ver a sus vecinos en el canal 548. En el 549 está tu vieja) hacen de quedarse escuchando los ya familiares gemidos la opción más llamativa. Al prestar atención se reconocen tonos, modos, reacciones de ese big bang que ocurre a escasos metros tuyos. El interés se agudiza, se eriza la piel, empiezan las fantasías. El juego empieza.

Fase 4: Diversión

La pared ya un estorbo casi inútil. Escuchás todo con lujos de detalles y ya pensaste en tirar abajo la pared y poner un vidrio para invitar a tus amigos la próxima. La fantasía se dispara para todos lados y la imagen llega a ser más nítida que el HD del televisor/I-pod de Steve Jobs.

Fase 5: Comunicación

Si hubiese una audiencia empezarías un relato, pensás, solo para darte cuenta de que internet ES una audiencia y la computadora un micrófono. Buscás a cualquier amigo que esté conectado y le contás todo lo que está pasando, compartís los detalles, creás una trama… a los 5 minutos ya tenés un guión para venderle a playboy. Sólo te falta abrir un blog sobre tu experiencia, imprimir remeras con la leyenda “Yo escuché a mis vecinos. Sabés perfectamente de qué te hablo… no te hagas el dobolu” y abrir un grupo de fans de Facebook que prometa fotos de Pamela David en bolas si llega a los 4302863 miembros.

A la mañana siguiente te encontrás con el novio de tu vecina en la puerta de abajo del edificio. Vos sabés que él sabe que vos sabés, lo tenés escrito en la cara… todo culpa del alcohol y de que había un marcador cerca, pero resistís el impulso de llamarlo campeón y palmearle la espalda porque en el fondo sabés que no deberías saber lo que él sabe que sabés (si te mareaste volvé al principio del párrafo, tomá aire y volvé a arrancar. La salud es lo primero). A los pocos segundos el impulso pasa y, sin mirarlo a los ojos te escabullís de su presencia. Tres noches después el ciclo vuelve a comenzar.

martes, marzo 06, 2007

Pesadilla de Autor

Respiro despacio al girar la perilla de la puerta, el exterior me atemoriza como los monstruos invisibles que asediaban mi habitación desde la oscuridad impenetrable. Lamentablemente esta vez no cuento con ninguna luz salvadora para desaparecer todas las miradas insidiosas que me esperarán acosadoras, una vez surcada la puerta. Mirando una vez más de reojo la pantalla vacía de la computadora pidiendo a gritos una solución tomo el coraje para empujar la puerta. El alivio de verme solo en el jardín de mi casa me infunde los ánimos para emprender la marcha solitaria.
El Sol brilla escondiéndose tras hilos de nubes blancas que, pudorosas, buscan cubrir el brillo de sus rayos. Mas, al igual que mis ojeras cubiertas tras los cristales oscuros de los lentes, la luz escapa a toda prisión mofándose de sus captores mientras baila alegremente sobre el rocío matutino. Creyéndome ya a salvo de los mayores peligros recuerdo con dolor que mi mujer se ha llevado el coche aquella mañana, obligándome ahora a exponerme al mundo exterior sin más defensa que una sarta de mentiras. Y la oportunidad de ponerla en práctica no se hace esperar.
- ¡Buenos días maestro!- dice, esgrimiendo una sonrisa asesina, aquel vecino obeso, el que todos tenemos y del que jamás recordaremos el nombre.
- Buenos días...- repito, evitando la vergüenza de equivocar el apellido.
- ¿Cómo anda todo?- continúa cándidamente. Dudo que tenga intención de hacer corta esta entrevista.
- Bien- primera mentira – ya sabe, nada fuera de lo común.
La conversación deriva hacia temas intrascendentes como el estado del tiempo y la guerra en Medio Oriente. Doy cátedra sobre los males de la guerra sin siquiera saber de que países estoy hablando, al vecino no parece importarle, escucha embobado memorizando palabras y frases cuyo significado no le interesa. Lo único que desea es poder citarme en la cena con sus suegros el sábado a la noche.
Un ademán con el sombrero me indica que la conversación llega a su fin. Aliviado, le doy la espalda para marcharme antes de que su mujer u otro vecino me sorprenda por los flancos y me asalte con más preguntas. Mis esperanzas de escapar con mi orgullo intacto se desvanecen cuando a mis espaldas el vecino me ataca con la frase:
- ¿Qué lleva en la bolsa maestro? ¿Un nuevo manuscrito?
- Sí, ahora mismo lo llevo a que lo vea mi editor.- Mi sonrisa apenas puede resistir el peso de la vergüenza de saber que la bolsa en realidad solo está llena de papeles inútiles.
- ¡Ya era hora!- exclama el vil gusano – No sabe hace cuanto que mi suegro espera un nuevo trabajo suyo.
El golpe duele pero es justo. A diferencia mía el hombre no miente, pero ¿por qué la verdad habrá de ser tan cruel?
Ahora sí, me despido y me marcho sin pensarlo, la consciencia me pesa tanto que casi no puedo caminar derecho. Ya me voy haciendo la idea de que no podré llegar a destino sin tener que afrontar decenas de conversaciones iguales cuando al final de la calle veo un espejismo tan real que el corazón me da un vuelco, ¡un taxi! El hecho de encontrar uno vacío a estas horas de la mañana es tan milagroso como que el montón de basura en mi bolsa se conviertan en un best seller. La idea de publicarlos es por un momento tan tentadora que casi no reacciono a tiempo para frenar el vehículo.
Me subo, discreto, rezando porque no me reconozca, que no esté en ánimos de hablar o por lo menos que haya perdido la lengua... Doy la dirección. Hasta aquí todo bien, el conductor se da vuelta para consultarme sobre el camino a tomar y en seguida se pone en marcha.
Intento distraerme con el paisaje, intento no notar como los ojos del taxista me escrutan por el espejo retrovisor, intento no escuchar su exclamación de sorpresa, intento, pero no puedo, ignorar su voz cuando me pregunta por fin:
- ¡Usted! ¿Usted no es el autor ese... el del libro de los vagabundos?
- ¿Se refiere a “Ángeles de la calle”?
- Ese mismo.
- Sí... soy yo.
- Ya me parecía, vi su cara en la contratapa del libro.
- ¿Lo ha leído usted?
- Claro que sí, bueno, me obligó mi mujer. ¿Es gran fanática suya sabe?
Me falta el aire, no puedo hablar. Apenas llego a atinar una sonrisa. Espero una tregua pero el siguiente ataque no se hace esperar.
- Ya desde hace tiempo se viene quejando de que no sale nada suyo, no sabe como me tiene... que busque en las librerías, que pregunte en la casa editora... no le alcanza con que le diga que nadie sabe nada de ningún libro y punto. Y ahora justo me viene a tocar usted acá, debe ser cosa del destino, ¿no?
Otra tímida sonrisa es mi única respuesta. No me gusta para donde va esta conversación.
- Así que dígame, ¿Para cuando su próximo libro?
No tengo otra opción más que contestar.
- Y, eso depende de la editora, del tiempo de publicación, usted me entiende... el trabajo ya está escrito. Ahora, no podría decirle cuanto va a tardar, no depende de mí.
El hombre por un momento parece desalentado, sin embargo inmediatamente recupera la alegría.
- Pero ya lo escribió ¿no? Tanto no puede tardar ¿no?- y sin esperar mi respuesta agrega – ¡Que lindo! ¡No sabe que contenta que se va a poner mi señora!- y antes de que pueda esconderlo ve el paquete, ya está, estoy perdido. – Osea que... ¿el libro es eso que lleva ahí?
Trago saliva, no quiero contestar, no quiero mentir... y al mismo tiempo no puedo evitarlo.
- Sí, este es.
El hombre pone cara como si acabaran de decirle que el tumor en su próstata es benigno.
- Y entonces...- dice tímidamente – ¿no me dejaría darle una ojeada?
Mi mente se acelera en la búsqueda desesperada de una excusa
- Me encantaría...- tartamudeo – pero si en la editora ven que el paquete está abierto van a pensar que se lo ofrecí a alguna otra antes que ellos, ¿me entiende?
Increíblemente no solo me entiende, sino que me cree, pero no por eso se rinde.
- Entonces dígame por favor, ¿de qué va?
- ¿Cómo?
- Que de que va el libro.
- ¿El libro?
- Sí, el libro, ¿no me puede dar un anticipo sobre que trata para darle una sorpresa a mi mujer?
- Pero... le voy a arruinar la sorpresa.
- ¡Pero no se preocupe!- ríe el desgraciado – A mi no me va a arruinar nada, a mi mujer veo yo que le cuento y que no. Usted dígame que yo después el libro se lo compro igual.- me guiña el ojo socarronamente. Y yo desearía poder arrancárselo y hervirlo en aceite de girasol.
- Bueno...- busco desesperadamente por una idea, aunque sea pésima, para que me saque del apuro – el libro es sobre...- la expectativa en su rostro bloquea mi mente, no puedo pensar en nada. Nada de lo que diga se lo va a creer... – sobre...- esquimales, paraguas, una fuga de un instituto mental, canciones de cuna, el matrimonio, el divorcio, autos, caníbales, un hombre en una isla desierta... no eso ya existe, la historia de la caña de azúcar, otro tipo que viaja en el tiempo... demasiado gastado, una sociedad secreta de pediatras, la vida en un submarino, el impacto en la sociedad del mp3... ¡Algo! – ¡ratones!
La palabra se desliza sola, como impulsada por lo más hondo y lo más estúpido de mi mente.
- ¿Ratones?- dice el taxista, sin creerlo.
- ¡Ratones! Un grupo de ellos, que viaja por el mundo... buscando un hogar, y uno a uno van muriendo... hasta que el último descubre que el viaje mismo ha sido su hogar.-
- Es... bueno. Es muy bueno.- Ni yo ni él le creemos, pero fingimos hacerlo, por el bien de ambos. El resto del viaje transcurre en silencio, ni siquiera me mira cuando me dice lo que le debo. Entre nosotros hay una cortina invisible de frialdad. A pesar de todo estoy aliviado, cambié mi vergüenza por mi orgullo. Aunque creo que este último tampoco ha salido muy bien parado.
Ya en la calle no dudo más, me dirijo directamente al edificio que tengo enfrente sin importarme si me reconocen o no. Quiero terminar con esto lo antes posible. En mi camino al pequeño condominio de cuatro pisos escucho susurros detrás de mí, miradas... dedos señalándome. No lo soporto. Comienzo a correr y entro a los tropezones en el vestíbulo. Está vacío. Me creo a salvo hasta que escucho voces desde las escaleras, se acercan. Con un movimiento felino entro al ascensor y presiono el botón del tercer piso. No quiero correr riesgos inútiles. No quiero más preguntas sobre mis trabajos, mi próximo libro o los estúpidos ratones viajeros.
Llego finalmente hasta la oficina buscada. El soplo del aire acondicionado limpia las gotas de sudor y me devuelve el aliento tras la maratónica subida. Varias son las miradas que me observan curiosidad pero yo a no temo, allí me siento a salvo, los monstruos no pueden entrar.
- Ah, es usted- dice una voz profunda a mis espaldas. Antes de que pueda terminar de girarme para encarar a mi interlocutor su mano ya estrecha la mía – es un honor conocerlo. Por favor pase a mi oficina.
El hombre tiene una edad indefinible, parece pulcro y correcto, inteligente, lo hace sentir uno a gusto, en confianza. No puedo evitar preguntarme si así se verían los ángeles, si los hay, o los agentes demoníacos, esos los hay seguro.
Pasamos a una oficina elegante, plagada de cuadros de artistas extranjeros cuyos nombres son tan impronunciables y desconocidos como la corriente artística que siguen. Me siento a gusto, tranquilo, la atmósfera logra quebrantar todo recelo que aún pueda conservar. Sin embargo no olvido para que estoy ahí, quiero ir justo al punto.
- Usted disculpará que lo hayamos hecho venir hasta aquí.- no se si es una disculpa o una orden, su tono me confunde. – pero según me ha sido informado su caso es algo sumamente peculiar.
- Lo es- atiné a decir – y en realidad es algo que prefiero discutir en persona que por teléfono. Los contacté a ustedes porque tengo entendido que son los mejores en su campo y además muy discretos en relación a sus clientes.
- Correcto. Entonces dígame, ¿qué es lo que necesita que encontremos por usted?
- Mi inspiración.
- ¿Su inspiración?
- Me oyó, mi inspiración.- la sorpresa en el rostro del hombre me causa una extraña satisfacción, seguramente se esperaba todo menos lo que le dije.
- Creo que no lo entiendo.- dice al fin
- Es muy simple. Yo soy un autor conocido, eso le debe saber. Hace más de tres años estaba buscando ideas para mi siguiente obra, y como siempre fui a buscar mi inspiración en una plaza que se encuentra a pocas cuadras de mi casa. Sin embargo al llegar descubrí que ya no estaba. Se había marchado sin siquiera avisar a donde iba o cuando regresaría. Desde entonces la busco, sumido en la vergüenza de que sin ella mi carrera está acabada, no puedo escribir. Y en todos lados la gente me pregunta por un próximo libro que jamás habrá de llagar. Fíjese que tan desesperado estoy por mantener las apariencias que a cualquier lugar que vaya me traigo este montón de papeles inútiles para que la gente crea que tengo una nueva novela a punto de salir.
- ¿Entonces lo que usted quiere es... que encontremos esa inspiración perdida?
- Exactamente. Después de tanto tiempo decidí que era hora de contratar profesionales, y un amigo me dijo que ustedes eran los mejores en cuestiones de recuperación de bienes extraviados.
- Es verdad pero este caso francamente...- sé que intenta encontrar una excusa pero no la tiene. En el fondo sabe que mis razones son perfectamente válidas.
- Mire, usted solo dígame si van a tomar mi caso, de lo contrario me marcho inmediatamente. Tengo el presentimiento de que mi inspiración podría estar ahora en el bar donde conocí a mi mujer o en el asiento trasero del auto donde perdí la virginidad.
- Este... espéreme aquí afuera por favor, consultaré con mis superiores y le haré saber nuestra respuesta.- ya no parece tan seguro de sí mismo como al principio, se nota que lo abruma la responsabilidad de la tarea que quiero encomendarle.
Me siento en una silla apenas afuera de la oficina del sujeto. A pocos metros se encuentra la ventana, enfocando un par de pájaros que intentan inútilmente armar su nido con pajillas de plástico que han de haber encontrado tiradas en la vereda. Me pregunto si ellos sabrán mi secreto, si podrán ver más allá de esta fachada, si esos ojos acusadores lograrán verme no como el gran autor e incomparable novelista sino como un mediocre en decadencia y falto de ideas. Aparto ese pensamiento con furia, ahora podré volver a ser lo que era, la agencia encontrará mi inspiración y podré volver a escribir. ¡No seré un fracasado!
La idea bombea con tal fuerza en mi mente que no alcanzo a escuchar al hombre sin edad hablando por teléfono.
- Hola, ¿operadora? Comuníqueme con el hospital psiquiátrico de San Fermín... sí, no se preocupe, puedo esperar...

lunes, setiembre 04, 2006

Fabuloso y lamentable

La historia del ser humano está marcada por la dualidad, dondequiera que se mire siempre hay un juego de opuestos: hombre/mujer, Yïn/Yáng, Maradona/Pelé, jugador rojo/jugador azul, etcétera/etcétera.
¿Qué a qué viene esta verdad filosófica en un blog cuya mayor reflexión hasta el momento había sido si las cruzas entre caballos y tigres deberían ser considerados zebras (file not available)? Mucho, porque este tema ha sido tocado por mil y un (o mil y dos, perdí la cuenta por los 739) revistas de interés general (osea sobre famosos, moda, intimidades de los famosos, dietas, mentiras sobre famosos y demás temas atrapantes que vaya a saber uno por qué no le interesan a más gente), y como la especialidad de la casa es el plagio, nosotros también lo tocaremos.
Si todavía se preguntan como se aplica la filosofía a una revista cuya sección más profunda es la de los chistes verdes, no tienen más que ir a una pequeña sección que generalmente se encuentra entre las primeras páginas bajo nombres como: “de más y de menos”, “in y out”, “cool y no cool” o simplemente “eto sí, eto no”. En ella este simple concepto de bien o mal busca etiquetar todo lo existente en el universo y en el de al lado también. ¿Para qué? Para sentirse dioses tal vez, para poder con su solo juicio catalogar lo nocivo de esta sociedad mediante una sola palabra, y que las masas sigan ciegas la mano que las siga hacia aquello bueno, perfecto y fashion. Es más probable que lo usen simplemente como relleno, da igual, igual acá también cumple esa función mientras invento algo más decente para subir.
Por supuesto en este pequeño y mugroso rincón de la Internet no podemos simplemente copiar aquello que ya ha sido hecho, sino que le daremos nuestro toque personal para que parezca algo original… y luego lo venderemos a Ideas del Sur. Es por ello que no solo nombraremos aquello que aparece en las revistas como “pulgar para arriba” y “pulgar para abajo”, sino que intentaremos algo que hasta ahora se creía imposible: darles una justificación lógica. Todo esto con el objetivo de que la gente se ría, o en su defecto que finjan reírse y después sigan con sus miserables existencias que irán empeorando gradualmente ya que no tienen ni un gramo de sentido del humor con que sobrellevar la carga manga de amargos (¿¿¿resentido yo???).

Sin más preámbulos, comencemos:

Fabuloso

_ Los tanques australianos con sabor a menta (cargan la frescura a donde quiera que los lleves).
_ Las guirnaldas de fiesta de papel reciclado (porque ayudar al planeta es importante los viernes y sábados de doce a seis).
_ Los relojes que marcan siempre las doce en punto (así uno no se olvida nunca la hora).
_ Kevin Bacon (cien películas, miles de actores amigos, apellido de comida y ni un puto Oscar… maestro de maestros).
_ Los subtes que salen a la superficie (por desafiar las leyes de la gramática).
_ La pasta de dientes que no es Colgate (son los únicos rebeldes que quedan en este mundo).
_ Las pizzas que salen más de 20 pesos (sí son más caras tienen que ser más ricas ¿no?....)
_ Tener sexo con una foca ebria (bueno para las articulaciones según dicen).
_ Los panecillos mutantes que hablan (porque da más gusto comerlos mientras gritan).
_ Las mantis religiosas de mascotas (rezan para que nosotros no tengamos que hacerlo).
_ Los cuadros a acuarelas que representan escenas clave de la novela "Montecristo" (porque los hace mi primo y me pidió que vendiese los que pudiera).
_ Pastor Oviedo (su peinado le hizo descubrir a miles de adolescentes depresivos, escuchadores de Evanescense y jugadores profesionales de ruleta rusa que siempre se puede estar peor).
_ La mina que hacía de cantinera en la serie esa donde el primo de la tía del ex novio de la protagonista volvía de la muerte para vengar a su padre adoptivo que fue muerto por un sujeto que se hacía pasar por el arzobispo de Reims (me acuerdo que estaba buena… la mina, no la novela… bueno, la novela también… yo que sé, era atrapante… aunque le faltaba un Laport luchando en sunga para darle un toque de color).
_ Ser hincha de Argentinos de Quilmes pero ir a la cancha a ver a Atlas y así salir en la filmación (robar cámara es una obligación moral).
_ Tener una colección de películas independientes (porque nadie las entiende, por ende nadie las critica).


Lamentable

_ Los suicidas que no dejan notita de despedida (100% desconsiderados).
_ No haber leído ningún libro de Dan Brown (porque revela grandes verdades de la humanidad como “nunca confíes en un millonario excéntrico”).
_ No podar el césped de tu casa quinta (porque todos tenemos casa quinta ¿no?).
_ Los franceses que no dicen “bonjour” (porque reniegan de sus raíces).
_ Las palmeras demasiado altas (Los cocos son armas mortales).
_ Ser del signo cáncer (porque es una palabra fea).
_ Polino (porque la pelea a Naza Velez).
_ Los autos con caño de escape doble (porque gastan el doble de nafta para viajar lo mismo).
_ Ser ingeniero en programación (los geeks son aburridos).
_ No creer en Papá Noel (hay que mantener vivo al niño que todos llevamos dentro para que se lo viole el pervertido que todos llevamos dentro).
_ Seguir hablando del Mundial de basquet (ya fue boludo, ya fue, actualizate. Ahora se viene el de voley).
_ Los videoclips de Mtv (te cortan la mejor parte de “los Invadecuartos” para pasar música. Que falta de respeto).
_ Tomarse el 60 (muy quemado).
_ Nazarena Velez (porque se queja de que la pelea Polino).
_ Este blog (porque se burla de la gente top).


Así concluye otra enumeración de idioteces. Puede que le de una continuación (me quedé con demasiado matrial) si es que es de vuestro agrado. Y si no lo es les encajo un video de un gordo bailando Numa Dance en bolas, siempre alegra el ambiente.

miércoles, agosto 09, 2006

Las ideas y tu, un manual de autoayuda

Hace tiempo que acá aparecen solo textos serios, que analizan temas existenciales de la vida misma y de un valor literario inestimable, a no, ese era mi otro blog, el que……. se borró. Bueno, como sea, a lo que iba es que ha llegado nuevamente la hora de volver a hablar en joda, porque hablar demasiado en serio cansa y aburre, aparte no quiero que los miles de nuevos fanáticos (léase 5, hasta donde yo sé) que recién conocieron la página se crean que yo soy un tipo sin humor, sería una mala primera impresión. Ojo, con esto diciendo que al leer el siguiente texto, del cual no pueden esperar mucho ya que lo ideé durante una de mis largas charlas con el reloj de la cocina (Larry), ustedes se vayan a reír, más bien significa que yo me reí escribiéndolo. Si ustedes después lo encuentran gracioso y hasta amagan una sonrisa o si terminan de darse cuenta de que lo que su autor necesita es atención psicológica y mucha, mucha medicina, a mí no me interesa, yo escribo porque me gusta y no para complacerlos a ustedes, malditos vampiros chupa piiii……sangre.

Justamente este breve tratado habla sobre la escritura, y lo mucho que cuesta a veces encontrar una idea medio decente para hacer un texto lo suficientemente atractivo como para aparecer en esta página. Algunas veces la idea llega sola, como volando cual zeppelín alemán. Casualmente la mayoría de esas ideas nos agarran en momentos en los cuales se hace imposible anotar de qué se trata y en nuestra desesperación por buscar aunque sea una servilleta donde anotarla, la susodicha cae… cual zeppelín alemán también (que groso el zeppelín, me ayuda con todas las metáforas). Busquemos algunos ejemplos para los incrédulos:

La idea en la toilette (alias: el ñoba)
Nada muy complicado, simplemente a nadie se le ocurre meterse al baño con una birome y un cuaderno (aclaro: es un saber popular que es absolutamente imposible escribir en papel higiénico con una birome) y antes de que pueda terminar de hacer sus múltiples necesidades la idea ya se esfumó entre los vapores de la ducha y otros no tan placenteros. Son muchas de las alternativas que se le ocurren a uno en esos momentos, alguna muy asquerosas por cierto, pero todas son inútiles, hasta ahora el mejor resultado lo obtuve escribiendo con desodorante sobre una toalla, pero cuando ya iba por la mitad me di cuenta de que la idea no era TAN buena como para tomarse tamaño esfuerzo y abandoné la épica tarea. Meses de inactividad después me arrepentí de haberlo hecho.

La idea en la cama
Imagínense que están en la cama después de un arduo día de no hacer nada y por fin están conciliando el merecido sueño. En ese exacto instante donde uno está a punto de dormirse para no volver a despertarse hasta 12 horas después sin interrupciones, en ese momento último de conciencia, aparece la idea más genial para el mejor post en la historia de su blog. ¿Ustedes se levantarían para ir a anotar la idea antes de que se la robe Morfeo (o, en mi caso, Stephen King)? Ni a palos, con lo que me cuesta dormirme.

La idea en el cine
Es muy común estar viendo una película y decir: “huy, eso me da una idea” (acto comúnmente conocido como plagio). Pero entre tanta basura que llevamos en los bolsillos, tanta gente que apenas te dirigís a ellos te callan con un terrible shhhht (los más descorteses también te acribillan con maní), la falta de luz y el exceso de conversaciones, gritos, explosiones, partos, etc. que provienen de esa molesta pantalla gigante; escribir un texto de dos renglones legibles es un suceso casi tan milagroso como el que a Britney Spears le hayan ofrecido actuar de nuevo después de “Crossroads, amigas por siempre” (Sos malo Tincho ¿eh? Sos malo…).

La idea en el asiento trasero de un jeep yanqui cruzando el campamento de Al Qaeda en Irak.
Nunca me ha pasado por suerte, pero al tipo que se le ocurra escribir en esa situación en vez de empezar a rezarle a Alá realmente lo admiraría mucho.

Paradójicamente a todas estas situaciones, cada vez que uno se pone en frente de la pc, máquina de escribir, cuaderno, servilleta, agenda ajena, etc. en busca de inspiración no llega absolutamente nada, y puede que no llegue durante minutos, días, meses, milenios ¡y hasta horas! ¿A qué se debe este suceso? Me habían pasado el número de un famoso psicólogo que podría habernos dado una respuesta satisfactoria, pero dejé la tarjeta en mis otros pantalones y sinceramente no sé donde están (fue un fin de semana muy loco, recuérdenme no volver a mezclar cindor con granadina).

La respuesta a todos estos terribles problemas de la vida diaria es muy simple: dejarse de joder con la escritura y dedicarse a algo más productivo. Pero como escribir es divertido y para otra cosa no sirvo, he tenido que encontrar una solución un poco más rebuscada. Así que ahora, en vez de matarme pensando en una idea genial para publicar en mi blog hasta exprimirme el cerebro o querer pegarme 50 palazos en el esfínter cada vez que me olvido de anotar una idea, simplemente me siento y escribo lo que venga, y si cuando ya voy varios renglones todavía no logré nada decente, borro y empiezo de nuevo. Así paso mis días entre malos inicios y pésimos finales, con la sola ilusión de que algún día logre casi por casualidad crear algo medianamente decente. Lamentablemente este no es el caso, pero lo pongo igual porque me causaron gracia un par de cosas cuando lo releí (me río de mis propios chistes, que bajo he caído…)

Aclaraciones:
- Las declaraciones del autor de que Stephen King le roba las ideas de sus sueños tienen su base en las alucinaciones que este le provoca su medicación. Sepan disculparlo.
- “Crossroads” es una película pésima y berreta y no me voy a disculpar ni aunque me amenacen todas las quinceañeras histéricas y todos los adolescentes (y adultos) babosos del planeta.

domingo, julio 23, 2006

La introducción

En general las introducciones sirven como presentación para luego introducir un texto. En este caso la introducción se trata del mismo texto. Y bueno ¿qué más quieren? Estoy cansado, estoy dormido, estoy flasheando como si me hubiese dado con 5 kilos de María Juana Cannabis, más que esto no puedo lograr en este estado. Acá no sólo hacemos obras de gran calidad (no me estoy riendo.. bueno, en realidad sí) sino que también experimentamos con la literatura. Ojalá que lo disfruten y que me mientan si no les gusta, saludos.

Mariela es una joven chica colombiana residente en Boston que trabaja en una tienda da ropa. El dueño de la tienda se llama Brian, tiene 42 años y desde hace tiempo que no visita el museo de la ciudad. Su esposa, Linda, maneja un auto convertible, cuya chapa fue fabricada por un obrero vietnamita apellidado Ying. Al señor Ying no le gusta viajar pues afirma que no es necesario moverse de casa si el mundo hoy en día puede conocerse a través de la pantalla del televisor; una interesante teoría que comparte Jaime, la editora del periódico de un pequeño pueblo del sur de Canadá. Allí vive Estaban, un inmigrante chileno que llegó hace unos 11 años tras la terrible muerte de su madre. Ella era una mujer muy sabia, que siempre daba buenos consejos a todo aquel que la conociese, por ejemplo a Sandro, el hijo del panadero cuyos postres compra cada tarde Camila Guzmán, que tiene familia en Córdoba. Uno de esos familiares es José, un niño que desea convertirse en el nuevo Monet. Justamente un Monet original cuelga en la pared Samantha Yarenstone, la más grande chismosa que haya conocido el novio de la chica que el año pasado participó en aquel concurso de belleza cuyo espectáculo de intermedio fue realizado por una banda nacida en las afueras de Bristol. Su primer single fue “You´ll never see another dawn”, obra inspirada en el desamor que sufrió el cantante por culpa de una joven de nombre desconocido. Ella, traumada por el suceso, decidió huir a Francia y comenzar una nueva vida como recepcionista de un restaurante de buena fama en Lyon. Dicho restaurante había sido inaugurado por una familia italiana que soñaba con vivir de sus famosos tortellinis hechos por la abuela. Pero la abuela murió y Giuseppe, el hijo mayor, debió hacerse cargo del negocio para cubrir las deudas de la familia y pagar el alquiler de su casa. Era esta una residencia modesta, construida poco tiempo antes y había albergado al que poco tiempo después se daría a conocer como el gran director de cine Jean Risellieu. Hoy en día el apellido Risellieu rivaliza con los de Spilberg, Jackson y Giordano gracias a su gran éxito “Forajidos”. La película trata sobre un grupo de ladrones de ganado que cruzan medio Estados Unidos para llegar hasta Libertown. En el largometraje poco se ve de esta pequeña gran ciudad, famosa por su pintoresca historia, la cual se encuentra casi completa en la ultima edición de “leyendas de las américas” de Rodan While. Este autor ha dejado recientemente de lado la novela de ciencia ficción para dedicarse de lleno a la historia, hecho que no ha sido bien recibido por los críticos. Uno de ellos, el licenciado Martin Fisher, calificó a este hecho de “insulto a la literatura moderna”. Fisher reconoció luego que esas palabras salieron de su pluma en un momento de furia causado por el rompimiento de con su novia Mariela, una joven chica colombiana residente en Boston que trabaja en una tienda da ropa.

Aclaración: Muchos de los hechos, personas, lugares, palabras que empiecen con "e" que se nombran en este texto no existen realmente, al igual que la lucidez mental de quien las escribe. Usen la imaginación que para algo la tienen.

PD: Esto deja prueba más que suficiente de que se puede hablar (o escribir) durante mucho tiempo si decir nada en realidad.

viernes, mayo 26, 2006

Excusas

Imaginando variadas formas de explicar por qué carajo me comprometí conmigo mismo a subir un post por semana al menos y ahora no pongo ni siquiera uno por mes se me ocurrieron tantas idioteces que pensé que serían dignas de un post. ¿Ven? Mis problemas se auto-resuelven, después dicen que el Karma no existe. Es así que creé esta hermosa lista (sí, me encantan las listas, es más, cuando sea grande me voy a casar con una y vamos a tener pequeños párrafos para alimentar hasta que me venga la crisis de los 40 y me escape con una novela, pelotudos) de excusas, habladurías y razones varias por las que no le presto suficiente atención a mi querido blog. Luego procederé a desmentir cada una de estas historias, no porque sea un George Washington cualquiera que no versea ni para encamarse a una mina (bue, en lo de patéticos si tenemos algo en común), sino porque sé que les resulta gracioso más el verme hablar mal de mí mismo que el simplemente enumerar una incoherencia tras otra.

No escribo en mi blog porque me falta tiempo: una mentira que cualquiera que me haya conocido por más de 15 minutos sabe que es casi una blasfemia. No es secreto que soy un maldito vago que se rasca todo el día y abusa de su buena suerte para zafar de pruebas, exámenes y lecciones en el colegio. El día que aquella buena suerte se acabe (es decir, el primer día que pise el suelo de cualquier instituto universitario) voy a terminar lavando inodoros de baños químicos en villa Fiorito antes de lo que puede decirse “Tomoyosita”.

No escribo en mi blog porque no me dejan usar la PC tanto tiempo: Creo que ya estoy empezando a desarrollar raíces de tanto tiempo que paso con mi trasero adherido a la silla que se encuentra frente a mi ordenador.

No escribo en mi blog porque sino me pierdo la novela de las 4:37: la única vez que vi algo remotamente parecido a una novela de la tarde estaba solo, era la 1 de la mañana, estaba puesto en I-sat y había mucha gente desnuda. Ya se pueden hacer una idea.

No escribo en mi blog porque tengo miedo que critiquen lo que escribo: Ya me acostumbré a vivir en el fracaso, si no me creen miren la lista de novias que tuve durante los últimos 4 años y dense cuenta de quien les está hablando. Si me afectase la opinión ajena sobre lo que escribo no hubiese creado este blog en primer lugar, no voy a ser uno de esos tipos que ante la primer opinión negativa se encierran en el closet a escuchar alguna canción de Evanescence (sé que seré insultado por este comentario) que los ayude a superar su depresión sin meterse 3476 pastillas por la boca.

No escribo en mi blog porque Marte entró en Sagitario: es sabido que Marte para entrar en Sagitario tiene que agarrar por Cáncer y seguir hasta Libertador, ahí dobla a la derecha hasta que se encuentra un cartel que reza: "Jorgito es hincha del Pincha”. Desde allí ve una licorería de aspecto respetable y se dirige en sentido opuesto hacia la luz del horizonte donde debería tomarse el 60 (¿y cuál sino?) para llegar a Sagitario, pero no puede porque hay paro de colectiveros en reclamo de una mejora de presupuesto para los adornos de techo de sus vehículos. Así que resumiendo: Marte no puede entrar en Sagitario por los próximos 5 años al menos.

No escribo en mi blog porque mis creencias no me lo permiten: no existe ninguna cláusula en la “Guía del pseudo intelectualoide que se la tira de groso” que prohíba la creación y publicación de incoherencias en un blog, es más, la estimula. Sí tiene un par de tratados contra las masacres de ortografía en los fotologs y las viejas que dicen “timbero”, pero muy pocos les dan importancia.

No escribo en mi blog porque aún no he descubierto la razón de mi existencia: un viejo sabio me confesó hace tiempo que la razón de mi existencia era convertirme en el capitán de la selección de softball de Japón. Después me di cuenta de que el viejo era en realidad una maceta, pero esa idea quedó marcada en mi subconsciente para siempre, en 3 meses saco la residencia y me mudo a Kyoto para empezar a entrenar.

No escribo en mi blog porque se me bajan virus de Internet cuando subo los posts: mi computadora contiene todo tipo de virus habido y por haber, además creo que están empezando a reproducirse y hasta se armaron una ciudad con edificios, micros, villas, chorros, policía violenta y barrios cerrados como en la vida real. El que yo le tenga miedo a los virus sería como que un fanático de Miranda que le tiene miedo al rímel.

No escribo en mi blog porque el gobierno me censura: El saber que escribo cosas lo suficientemente importantes como para ser censurado haría maravillas en mi autoestima. Lamentablemente el único cambio que me pidieron que hiciese hasta ahora fue que sacara la foto que tengo sobre la derecha de la página porque supuestamente le estoy robando la imagen al tipo de Everwood.

No escribo en mi blog porque nadie lo lee: viendo el enorme número de comentarios que recibió el último post se podría decir que esto es verdad, pero la realidad es que hay mucha gente que se me acerca todos los días (o todos los meses cuando sale algo por lo menos) para decirme que entró y le gustó (si no le gustó en general no me lo dice pero me doy cuenta igual por su reacción). Así que bueno, agradezco a los que leen y me dan su apoyo porque me ayudan a mejorar y a esforzarme más, a pesar de todas las excusas que pongo para seguir en la vagancia, sin ustedes este blog probablemente habría dejado de existir hace tiempo, si la muerte hubiese sido por sobredosis o ataque de ardillas rabiosas lo dejo a su criterio. ´Chas gracias.

miércoles, abril 26, 2006

¡Has ganado!

Buenos días, hoy nos hemos reunidos frente a esta cálida pantalla de computadora (si usted está leyendo esto en papel sepa que es un desperdicio de tinta, papel y tiempo el imprimir una incoherencia como esta) para hablar sobre las benditas promociones que todo producto que se respete manda alguna vez en su historia. ¿Quién de nosotros no levanta la tapita de una gaseosa, envoltorio de chicle o hasta el interior de una baguette francesa en busca del ansiado papelito que diga “Te ganaste un (inserte aquí boludez que dan en dichos concursos)”? Se dice que dichas promociones fueron inventadas hace miles de años en china para promover el consumo de arroz, imagino que la promoción debe haber sido algo tipo “con cada compra de 200 kilogramos de arroz usted se gana un automóvil 0 kilómetros”, claro que la gente de la época no tenía la más puta idea de lo que era un auto, menos aún de lo que era un kilómetro y ni siquiera se había inventado el sistema decimal, pero la curiosidad podía más que ellos, como aún sucede hoy en día. Por supuesto ningún chino veía ni la foto del tipo que se suponía que tenía el taller donde alguna vez había trabajado el que había ajustado el embriague del auto en cuestión, como aún sucede hoy en día, pero todos eran felices con solo participar. Ilusos.
La historia demuestra, paradójicamente, que la historia se repite y así sucedió con los griegos los cuales compraban enormes cantidades de vino “Dionisio” porque te si mandabas el envase al Olimpo participabas en el sorteo de 15 entradas para una orgía, casualmente siempre ganaban 14 minas buenísimas y el hijo del dueño de la vinería. Los romanos adoptaron esta costumbre y regalaban orgías en casi todos sus productos, es más, solo por entrar al coliseo te repartían 20 folletos invitándote a varias fiestas de este tipo, en las que por diversas razones terminaban siendo todos tipos, pero bueno, ya sabemos como acabaron estos muchachos.
Así llegamos a la edad media, donde este tipo de promociones adquirió un tono más clandestino. Constaba principalmente en los clásicos productos dobles, es decir, si te llevabas un anillo de oro te regalaban un cepillo para la nena de la casa o un caballito de madera para que el joven noble jugase a asesinar brutalmente miles de campesinos como hacía su papá. Sin embargo la mayoría de estos productos regalo, al estar exentos de impuestos, cobraban un carácter más ilegal, hasta llegar al extremo de que el producto era cualquier boludez para justificar el regalo, algo así como “compre este pedazo de pasto a 200 pesos y de regalo llévese este hermoso frasquito con veneno”. Encima cuando los historiadores se preguntan de donde venían tantas pestes y epidemias culpan a las pobres e inocentes ratas.
Durante el renacimiento a estas promociones infames se les unió un aliado poderoso, el marketing. ¿Quien podía resistirse a pagar 10 mangos extra por esa hermosa colección de platos de porcelana que aparecía pintada en un cuadro digno de artistas de la talla de da Vinci, Botticelli, Rafael Nadal o el mismísimo Ronaldinho? Después cuando uno recibía tres platos de plástico, todos distintos y con la figura de Barney el dinosaurio (sí, pongo una referencia a este maldito bastardo cada vez que puedo) pintada se ponía a pensar que demonios había pasado, pero ya era demasiado tarde para quejarse, aparte si pensabas mucho te agarraba la inquisición y ¡a la hoguera!
Así llegó la edad moderna, los medios de comunicación masiva, la propaganda subliminal y el rey de las promociones inútiles: Tevé Compras (productos pensados para su satisfacción cuando les pase por arriba con una aplanadora), mejor conocido como el “¡Llame ya!”. No hace falta decir que esta última época reúne todas las peores cualidades de las anteriores, aumentadas por los recursos de la tecnología moderna (como el tipo que te reparte folletos por la calle). Veamos ahora algunas de las características de las promociones actuales:

El límite de vencimiento: esta estrategia es muy común. Se trata de poner una promoción a un producto con límite de vencimiento en una fecha dos días posterior a cuando el producto sale a la venta. Así la gente ve el embase de galletitas que dice “junte mil paquetes y llévese una cartuchera firmada por Moria Casán” y comienza a llenar su despensa de paquetes cuyo contenido termina muchas veces en la basura. Para cuando milagrosamente alcanza el número necesario, descubre que la promoción finalizó hace 4 años pero que igual siguen sacando el paquete con la promoción anunciada en la tapa (esto no es solo una estrategia comercial, muchas veces simplemente les da paja cambiar el diseño).

El “ya se llevaron el premio”: uno soporta largos meses de consumo de alguna porquería que ni siquiera les gusta solo para sacar el cartoncito que les dice que se ganaron otra porquería que encima es inútil. Cuando van al kiosco, kiosko, quisko, quiosquito, maxi-kiosco, kiosco de Rubén o tienda de la esquina a cambiar el cartoncito les dicen que se terminaron. A continuación sigue la trágica escena del tipo colgándose una piedra del cuello y saltando al Támesis en un acto de desesperación.

La publicidad miente: Muchas veces el increíble pela papas a energía solar que nos mandan gratis con la aspiradora de bolsillos (no confundir con “de bolsillo”, son cosas completamente diferentes) no resulta ser tan magnífico. Empezando porque nos rebana los dedos y se lanza contra nuestra yugular cada vez que lo prendemos, también gasta una pila tamaño D en 2 minutos y se le quema el cablecito cada vez que se lo acerca a una papa real. Tanto el pela papas como la aspiradora (que la quedó porque no se le puede introducir polvo) terminan en un cajón lleno de basura similar que no tiramos porque nos da vergüenza admitir la forma en que desperdiciamos nuestro dinero.

Después de este breve resumen de la estafa de los concursos vamos a aclarar lo que quise plantear en un principio en el título de este invaluable manuscrito: ¿Qué pasa cuando uno gana un premio medio decente? No hay mejor forma de explicarlo que con un ejemplo de la vida real totalmente inventado:

Hace algunos meses y por esas casualidades de la vida resultó que, habiéndome comprado una gaseosa de 600cc de una marca poco conocida que no voy a nombrar para que no me manden a sus abogados a chuparme la sangre (sé lo que pasó por sus cabezas, tienen la mente pervertida), miré el reverso de la tapita y descubrí, oh gran alegría, que me había ganado un televisor de 29 pulgadas (osea, bastante grande). Muy feliz conmigo mismo corrí hasta mi casa para llamar a la compañía y preguntar como podía retirar mi premio, ahí empezaron los problemas. Este fue el diálogo con el primero de los muchos recepcionistas que me atendió.

Recepcionista 1: ¿quién es? (en tono de “me agarraste en la mitad de una actividad manual”)
Yo: Esteeeee… llamaba por lo del concurso del televisor… (la comunicación telefónica no es muy fuerte, se podría contar como una de mis muchas discapacidades).
Sr. Manuela: Sí, ¿qué querés?
Yo: Bueno, es que acabo de encontrar la tapa ganadora.
Sr. Escéptico: No puede ser (eso ya no era una buena señal). Qué culo que tenés pendejo (esto en vez de reconfortarme me puso más nervioso todavía).
Miedoso: bueno, gracias. Es que quería saber cuando y donde puedo retirar el premio.
Sr. Desinformado: Ah, ni idea, tenés que llamar al número de información.
Gran Miedoso: ¿y no es este?
Sr. Excusa: Bueno sí, pero es que esto es más para atención al cliente viste, entonces medio como que no sé mucho de eso, probá a llamar más tarde a ver si alguien te puede decir algo.
Enorme Miedoso: Está bien pero, este… me podés dejar tu nombre así cualquier cosa pregunto por vos (Yo interno: te voy a hacer echar pajero de mierda).
Sr. “Regreso a mi” Manuela: piiiiiiiiii

Después de varios llamados atendidos por el mismo tipo y una gran serie de discusiones y amenazas, por fin 2 días después me atendió otro recepcionista, un sujeto de voz afrancesada.

Recepcionista 2: Hola, ¿qué necesita?
Yo (tomando confianza): Hola, encontré la tapa ganadora de su concurso, el del televisor, necesitaba saber como y cuando podía retirar el premio.
Recepcionista 2: Ay, ¿sabés que no tengo ni idea? Esperame un sec que te derivo con una chica amorosa que te va a decir todo lo que necesitás.
Yo: Gracias.
30 minutos de la 9ª sinfonía
Recepcionista 3: Buenas tardes.
Yo: Hola, encontré la tapa ganadora de su concurso, el del televisor, necesitaba saber como y cuando podía retirar el premio.
Recepcionista 3: Ah, vos sos el que me pasó Javier… mirá, tenés que llamar a este número (me da el número), ahí dejás tus datos para que te manden el televisor.
Yo: ¿y no me van a pedir ningún comprobante ni nada?
Recepcionista 3: Llamá allá y preguntá. (piiiiiiii).

Llamo al número nuevo

Máquina contestadota: (no hace falta aclarar, ¿verdad?)
Yo: (dejo mi número y aclaro que acabo de ganarme un puto televisor y me gustaría poder verlo antes del nuevo milenio)

Hora y media después suena el teléfono

Recepcionista 4 (el amo del sistema): ¿Hola?
Yo: hola ¿Quién habla?
R4 EADS: Hola
Yo: hola ¿Quién habla?
R4 EADS: ¿Hola? ¿Hola?
Yo: Hola, ¿¿Quién habla??
R4 EADS: ¿¿¿Hola???
Yo: ¡¡¡¡¡¡¡¡¿Quién carajo es?!!!!!!!!!!
R4 EADS: Hola, sí, te llamo de (compañía de bebidas con abogados vampiros). ¿Vos sos el que llamó para decir que había ganado el concurso?
Yo: Sí, quería saber co…
R4 EADS: Sí sí, mirá, primero dame el número del código de tu tapita a ver si corresponde.
Yo: (se lo doy, me sorprendió que fuese tan fácil, pobre de mí).
R4 EADS: Listo, es auténtico. Lo que tenés que hacer ahora es dejarme tus datos y venir acá a la central en (la loma del orto). Traés tu tapita, comprobamos tu documento para ver si está todo bien, si sos mayor y sos legal acá en Argentina (grave error eso de dejar dicho que era uruguayo). Si todo está bien en 2 meses vas a recibir el televisor, ¿entendiste?
Yo: Digamos que sí.
R4 EADS: Listo, dame tus datos por favor.
Yo: (le doy los de mi viejo porque no me da la cara para agregarme 5 años en el documento)
R4 EADS: Todo listo. (pip)

Pocos días después mi viejo fue al susodicho lugar donde comprobaron sus datos y le prometieron que el televisor llegaría en 3 meses.
1 años después recibí un televisor de 11 pulgadas del año 60, el cual tuve que tirar porque no tenía control remoto y eso de pararme a cambiar el canal no va con mi forma de ser.

En fin, con estos tipos no se puede ganar, mejor comprar productos sin ninguna promoción y ahorrarse la plata para comprar un billete de lotería o gastar todo en un casino, ahí tendremos mejores chances de ganar algo que en esas estúpidas promociones.
Fin de la transmisión.

jueves, marzo 30, 2006

Pétalos

Caminando por los prados sin ninguna razón aparente, pensando en mi dulce dama y si algún día llegaría a quererme, me crucé con una flor muy solitaria, y respondiendo a algún instinto que seguramente quedó oculto en mi subconsciente desde algún trauma de mi infancia, la recogí y comencé a arrancar sus bellos pétalos. Y con cada uno de ellos que volaba, una nueva respuesta surgía a mi tan ansiada pregunta: ¿Por qué ella pasa tanto tiempo conmigo?

Pétalo 1: Me ama.
Pétalo 2: No me ama pero no se da cuenta.
P(étalo) 3: Me quiere como a un amigo (gay).
P 4: Me tiene las re-ganas porque estoy re-fuerte, me la re-banco, soy re-groso y re-abuso del “re” hasta re-desvirtuarlo.
P 5: Quiere acercarse a mí porque es una agente antinarcóticos encubierta que sospecha que mi familia pertenece al cartel de Juárez.
P 6: Le parezco repulsivo pero cree que no puede conseguir nada mejor que yo.
P 7: Me usa para poner celoso a su antiguo novio, Jeff, el mariscal de campo del equipo de football y el chico más popular de toda la secundaria Thompson, que tiene las mejores calificaciones y todos admiran, respetan y adoran aunque secretamente quieren meterlo en una picadora de carne gigante; pero que la abandonó porque se la come doblada.
P 8: Ama mi escaso dinero.
P 9: Me quiere usar para experimentar con mis órganos antes de que termine de arruinarlos.
P 10: Piensa que si está conmigo las demás personas pensarán que es sensible.
P 11: Solo me quiere como su rival de backgammon extremo.
P 12: Me trata como si le importara para que le ponga una firma en el fotolog de su coatí.
P 13: Cree que si pasa suficientemente tiempo conmigo la idea de unirse a la legión extranjera será más aceptable.
P 14: Está conmigo solo para ver si logra averiguar por qué yo quiero pasar tiempo con ella.
P 15: Es una extraterrestre que vino a investigarme antes de llevarme a su planeta natal y meterme una sonda por el-que-te-dije.
P 16: Quiere averiguar el secreto de mi fabuloso peinado.
P 17: Me ve como su tesis de psicología.
P 18: Solo se acerca a mí porque su madre cree con toda razón que soy una mala influencia.
P 19: Es adicta al olor que se desprende de mi sucio cuerpo.
P 20: Me habla solo para luego burlarse a mis espaldas con todos sus verdaderos amigos cuyo único fin en la vida es reírse de mí.
P 21: Admira mi capacidad de encontrar flores con un increíble número de pétalos.
P 22: Me quiere para que le alcance cosas que están en estantes altos.
P 23: Cree que soy miembro de una secta adoradora de los pretzels a la que ha intentado entrar durante toda su vida.
P 24: Está conmigo porque cree que soy Jerry Seinfeld, aunque se pregunta por qué aún no he dicho un solo chiste bueno.
P 25: Me ve como su proveedor de música pirata.
P 26: Piensa que le enseñaré a mover cosas con la mente.
P 27: Nunca lo averiguaré si sigo buscando la respuesta en una estúpida flor.

jueves, marzo 02, 2006

Hipódromo

No sé si esto entra dentro del rubro "cuentos en joda" o "cuentos para pensar", capas en los dos, lo dejo a su criterio.

Los competidores están en posición de largada, el objetivo a la vista, la pista despejada, todo listo para comenzar. La bandera está alta y los músculos se tensan, cada milésima de segundo cuenta al momento de ganar, por eso una buena salida es lo más importante.
Baja la bandera y comienza la carrera, los 4 adversarios salen bastante parejos, con ligera ventaja de “Remera blanca” gracias a su sorprendente agilidad al esquivar los primeros obstáculos que se cruzan en su camino.
“Rugbier” va quedando atrás por culpa de un impertinente que se le acerca a pedirle fuego, ¡pero esperen! Con un certero manotazo aleja al obstáculo y retoma terreno.
Ay, ay, ay, “Gorrita” parece estar teniendo problemas al acercarse a la barra, pierde ventaja con los múltiples borrachos que le cortan el paso. Tal parece que toda esperanza está perdida para él, pero aún no se rinde, los milagros son siempre posibles.
¡Increíble maniobra de “Punky” al deslizarse por el borde de la tarima! Le saca dos cabezas a “Rugbier” y “Remera blanca” que persisten en su intento por llegar primeros. “Gorrita” sigue último perdiendo aun más terreno.
“Rugbier” se acerca a “Remera verde” de costado… ¡y lo saca de su camino! ¡Sí señores, jamás visto! “Remera blanca” se cruzó en el camino de “Rugbier” y este lo sacó volando. Parece que todo se decidirá entre él y “Punky” ahora.
“Punky” va perdiendo terreno pero sigue a la cabeza, ya no queda mucho terreno, parece que va a llegar… ¡Una mujer se cruza en el camino y se la lleva puesta! ¿Aprovechará “Rugbier” esta ventaja? ¡No! Tropieza con “Punky” y termina también en el suelo, que tragedia señores…
Y “Gorrita” vuelve de entre los muertos para reclamar su título. Salta por encima de sus rivales abatidos… ¡Y llega a la meta! Que carreras señores, que carrera… “Gorrita” está ahora hablando con la muchacha, veamos si consigue llevarse el premio.
- Hola, ¿Cómo te llamás?
- Laura, ¿Vos?
- Joaquín… ¿Querés ir a charlar un rato?
- Bueno, dale.
Un justo premio para un justo vencedor… Vamos ahora a la 3ª carrera del boliche “Tatú”, las apuestas están 5 a 1 para “Pelo negro”, 3 a 1 para “Bufanda”, 2 a 1 para…

viernes, febrero 24, 2006

Horóscopo

Debido a la increíble popularidad alcanzada por este blog durante los últimos tiempos (algunos post alcanzaron picos máximos de 6 comentarios) me veo en la obligación de crear el suplemento que toda publicación que se respete posee, el horóscopo. Así que acá van las predicciones para los millones de lectores de este blog, espero que ninguno intente suicidarse después de que le haya develado su futuro.

Capricornio:
Trabajo: No deje que su inminente despido arruine su humor durante la semana, el buen ánimo es lo más importante.
Salud: Descubrirán nuevas enfermedades en usted, alégrese será famoso.
Amor: El simple hecho de que haya estado solo los últimos 20 años no significa que no vaya a estarlo los próximos 20, si es que vive tanto…
Sorpresas: Un amigo le cobrará una deuda de hace diez años para poder costear su adicción a la heroína, y le pedirá los intereses.

Acuario:
Trabajo: Lo ascenderán debido a la muerte de su compañero de oficina. ¡Bien hecho!
Salud: La luna en acuario indica una muerte inminente para usted y todos sus seres queridos producto de un ataque de un país enemigo.
Amor: Se enamorará perdidamente de alguien poco antes de que ambos mueran.
Sorpresas: No vivirá lo suficiente como para recibir ninguna.

Piscis:
Trabajo: Lo arrestarán por sustraer dinero del fondo de caridad de su empresa.
Salud: Contraerá la gripe aviaria por comer cerdo.
Amor: Se casará con una anciana para heredar sus joyas cuando muera. Luego descubrirá que en su testamento pide ser enterrada con ellas.
Sorpresas: “Jedi” no es una religión oficial.

Aries:
Trabajo: Complicaciones debido a una fuga de gas, su secretaria probablemente deberá renunciar a su puesto, lo cual es bueno ya que usted obviamente no la soporta.
Salud: La inhalación de gas le hará que es un personaje famoso (posiblemente el Papa) durante varias horas.
Amor: Tendrá un amorío con su nueva secretaria y su pareja lo abandonará junto con la mitad de sus bienes.
Sorpresa: La nueva secretaria viene con sorpresa (por eso le dicen Huevito Kinder).

Tauro:
Trabajo: Los Taurinos son siempre muy agresivos en su trabajo, por eso se peleará con más de la mitad de sus compañeros provocando su propio despido y el de ellos.
Salud: Sus antiguos compañeros que fueron despedidos por su culpa lo molerán a palos.
Amor: En el hospital conocerá a una hermosa enfermera que se casará con usted por su dinero.
Sorpresa: Para su flamante esposa: ¡Usted no tiene dinero!

Géminis:
Trabajo: Por más que intente evitarlo en la oficina siempre hay alguien que hace todo igual a usted.
Salud: Sufrirá un ligero caso de doble personalidad. Todos sus amigos encontrarán a la otra personalidad mucho más agradable que usted pero no se atreverán a decírselo. Por eso se lo digo yo, gil.
Amor: Conocerá a dos hermosas mujeres y pasará con ellas una intensa noche de pasión. Al momento de decidirse por una descubrirá que son lesbianas.
Sorpresa: Encontrará a su hermano perdido a quien deberá alojar en su casa y pagarle la universidad.

Cáncer:
Trabajo: Usted está desempleado y siempre lo estará. Acostúmbrese.
Salud: Usted padece terribles enfermedades que condicionan su vida y siempre las padecerá. Acostúmbrese.
Amor: Usted está solo, siempre lo ha estado y siempre lo estará. Acostúmbrese.
Sorpresas: Por si aún no le quedó claro: todo va a seguir como está ahora. Acostúmbrese.

Leo:
Trabajo: Sus empleados le darán una fiesta sorpresa por su reciente ascenso. Usted creerá que es un intento de homicidio y huirá despavorido a un país de Europa Oriental.
Salud: Manténgase alejado de las agujas, los ventiladores y las tarjetas de Navidad con un Papá Noel en la tapa y un grupo de renos ebrios en la contratapa.
Amor: Los Leo siempre son winners con las minas. Este no es su caso.
Sorpresas: Alguien de su pasado volverá para atormentarlo. Sospeche de Barney el dinosaurio.

Virgo:
Trabajo: Le ofrecerán una excelente oportunidad de iniciar una carrera que usted rechazará para poder seguir viviendo de sus viejos.
Salud: Los Virginianos siempre cuentan con una excelente salud y viven largas vidas… hasta ESTA semana.
Amor: Como el nombre de su signo lo indica, usted es virgen y no veo ninguna razón por la que debería dejar de serlo en un futuro próximo.
Sorpresas: Aquel oscuro secreto que había sabido guardar tan bien saldrá a la luz.

Libra:
Trabajo: Siga haciendo lo suyo y mantenga su nivel de trabajo, será recompensado con un despido fácil y rápido.
Salud: Deje de torturar a su hígado con cerveza, si quiere chupar que sean bebidas blancas.
Amor: El amor está a la vuelta de la esquina… prostituyéndose por 2 pesos. Mejor evítelo.
Sorpresas: Uno de cada 5 conejos de Birmania es un asesino ninja. Tenga cuidado.

Escorpio:
Trabajo: No sea tan pajero y empiece a hacer algo o se va a cagar de hambre e resto de su vida.
Salud: Veo un Cáncer en su futuro.
Amor: Encontró a una persona con quien podría pasar el resto de su vida y la rechazó. Jódase.
Sorpresas: Le pedirán que se bañe. Hágalo.

Sagitario:
Trabajo: El chuparle las medias durante años a sus jefes por fin dará sus frutos, cambiarán su sobrenombre por uno que demuestre mayor confianza: “boludo”.
Salud: No oprima ese botón.
Amor: Este fin de semana alguien recibirá un flechazo suyo... literalmente. Deberá ser operado de urgencia.
Sorpresa: Este horóscopo es inexacto en un 156% de los casos.

jueves, febrero 23, 2006

Un día en la vida del señor Smith

Bueno, este es un pequeño tributo a la gran serie que es "Desperate Hosewives" que nos demuestra que es inútl aparentar el tener una vida perfecta cuando todos sabemos que no existe nadie sin defectos.
Aprovecho para agradecer a todos los que estuviron poniendo comentarios, mis amigos mi familia y los chicos del foro. Muchas gracias por darme ánimos para seguir escribiendo.


El señor Smith es un hombre común y corriente como cualquier otro. Fiel esposo, padre de dos hijos y empleado ejemplar de una compañía de lavarropas. Tiene 45 años y lleva 20 de ellos casados con Jennifer. Es alto, tiñe su cabello de gris y le encanta la pesca de salmón. Pertenece junto a toda su familia a una Iglesia independiente que se encarga de mejorar la sociedad, la cual fue señalada más de una vez por los miembros de todas las religiones como una secta intolerante que desprecia a todo aquel que no lleve el mismo estilo de vida que sus miembros. Por supuesto que el señor Smith considera estas acusaciones ridículas.
Cada mañana se levanta a las 6 en punto, besa a su esposa en la frente, viste su buzo gris junto con su jogging deportivo, también gris y sus championes de lona blancas impecables cuyos cordones ata cuidadosamente con doble moña. Baja al comedor para prepararse un saludable desayuno base de cereal con leche, a la cual agrega un pequeño trago de whisky para darle más sabor. Sale a la calle al trote al tiempo que pone en marcha el cronómetro de su reloj, ¿quién sabe? Tal vez hoy establezca una nueva marca. Mientras recorre las primeras cuadras de su trayecto divisa al diariero realizar su labor, lo saluda amablemente preguntándose para sus adentros si sabrá que fue él quien lo denunció ante la junta del periódico por tomarse 20 minutos de descanso a la mitad de su recorrido, “En este país ya hay demasiados perezosos”se dice mientras ve al pobre bañado en sudor correr de una casa a otra para cumplir con su horario.
Una hora exacta después de haber salido de su casa para el cronómetro frente a su puerta. “otro tiempo perfecto” piensa satisfecho. Al entrar a su casa ve a su esposa recién levantada sonreírle cariñosamente.
- ¿Cómo estuvo el paseo mi amor?-
- Excelente cariño. ¿Ya se han levantado los niños?-
- Aún no, pero ya no deben tardar.-
El señor Smith culmina con una sonrisa aquella breve conversación que será la última de la mañana, y probablemente la única del día a menos que vuelvan a verse a la hora de la cena.
Jessica Smith es una mujer de unos 43 años, 4 meses y 12 días, de altura normal y un poco rolliza. Trabaja de ama de casa y cada jueves por la noche se junta con otras mujeres del vecindario a jugar bridge y compartir chismes sobre los habitantes del vecindario. Por supuesto que hablan pestes de aquellas señoras que no gustan de compartir con ellas tan importante actividad. A la señora Smith le gusta cocinar platillos de todas partes del mundo por eso cada día de la semana está dedicado a un país diferente, por ejemplo el miércoles es el día de la “comida oriental”, el sábado el de la “comida italiana” y el martes el de la “comida sudaca”. Jessica es también famosa en el vecindario por sus tortas fritas, las cuales son siempre un éxito en la venta anual de la parroquia.
Segundos después los hijos del señor Smith bajan al comedor. Sárah, la mayor, tiene 17 años y es la luz de los ojos de su padre, alumna ejemplar y la niñera más requerida del vecindario. Lamentablemente no es tan hábil para elegir novio como para adular a los profesores que más le conviene. Por suerte su papi se encargó de que el joven Henry, un ayudante de mecánico cuya única aspiración en la vida era la de estudiar arte y convertirse en pintor, fuera reclutado prematuramente por el ejército y enviado a cumplir su servicio en una base en la Antártida donde desapareció misteriosamente durante una tormenta. El señor Smith tuvo que dejar que su amigo el General Watson lo batiera al golf tres veces seguidas para obtener ese favor, pero bien había valido la pena, ahora su dulce hija solo sale con aquellos hombres cuyos nombres estén en la lista que le entregó su papi.
El hijo varón, John, tiene 16, es capitán del equipo de softball y tendría serias chances de convertirse en profesional si la providencia del señor Smith no hubiese ya señalado que se convertirá en un político digno de su país. Por supuesto que cuando John decidió que su futuro era como bailarín profesional el señor Smith no tuvo más remedio que plantar 3Kg de marihuana en su habitación obteniendo así una excusa para enviarlo a la escuela militar durante un año. Cuando regresó ya no hablaba de música y baile, solo de defender los intereses de su país a cualquier precio. El señor Smith tuvo que contenerse para no llorar de la emoción al verlo vestido en su uniforme.
Ambos hijos al llegar al comedor saludan efusivamente a su padre, él responde con afecto, “aún son unos niños” piensa “pero crecen tan rápido”. Luego de esta breve escena familiar se despide de sus hijos y sube a bañarse. Siente que este será un gran día, como todos los demás. Una vez que ha terminado de bañarse y vestirse toma su portafolio y baja a despedirse de su mujer, sin decirle nada, solo le da un gran beso en la mejilla. Mientras cruza la puerta no ve como su esposa se pasa disimuladamente una servilleta por esa misma mejilla.
Al salir de su casa ve a su vecino, el señor Wellington, quien está regando tranquilamente su césped. El señor Smith finge no verlo, como cada vez que se lo cruza. Durante años sostuvieron una amigable rivalidad de vecinos que culminó cuando el señor Smith le envió anónimamente a la señora Wellington una serie de fotografías que mostraban a su esposo en situaciones muy comprometedoras. La broma no resultó exactamente como la había planeado ya que la mujer apareció muerta con un frasco de veneno para ratas en su mano pocos días después de recibir las fotos. Desde entonces el señor Wellington guarda alguna clase de rencor hacia el señor Smith que ni siquiera las tortas fritas de Jessica han sabido disipar. Sube a su camioneta 4X4, ganada en el último sorteo de la parroquia después de realizar una generosa donación a la cuenta bancaria del padre Frederik, y se marcha a su trabajo.
El edificio donde trabaja el señor Smith se erige en el centro de un grupo de edificios más bajos, pertenecientes a compañías menos importantes. Sobre la enorme entrada se puede ver el letrero que dice “Lavarropas Hertinger, líderes en el cuidado de su ropa”. El señor Smith mira ese letrero con orgullo, tanto el genial slogan como la idea de cambiar el nombre de “Manolo” a “Hertinger”, fueron obras suyas. Porque eso es lo que hace el señor Smith para su empresa, tener ideas. Su poderoso automóvil ingresa en el estacionamiento y se dirige directamente al espacio donde brilla la frase “reservado para el vicepresidente de márquetin”. “Muy pronto ese vice desaparecerá” piensa confiado recordando que su superior padece un serio caso de cáncer de pulmón. Baja del vehículo y observa su perfecta figura refejada en e espejo retrovisor, está preparado para enfrentar el día. Si su casa es su reino, su trabajo es su campo de batalla, “y yo jamás pierdo” se dice a sí mismo para darse confianza.
Una vez que el ascensor lo ha llevado hasta uno de los pisos superiores, el señor Smith comienza a recorrer las diferentes habitaciones para hacer notar su presencia a sus subordinados, ellos deben saber que é está allí para no sentir miedo, sin su presencia estarían tan perdidos como un latino en la feria de la tecnología. Entre estos empleados sonrientes y corteses hay muchos de sus ex compañeros a quienes tuvo que aplastar y manipular para lograr alcanzar su puesto, él no les guardaba ningún rencor por haber intentado impedir su ascenso hasta la cima, y suponía que como buenos perdedores ellos lo reconocían como ser superior y merecedor del puesto. Se encuentra tan hundido en estos pensamientos que no ve al señor Pellinger santificarse al pasar él frente a su escritorio, al mismo tiempo que la señorita Fellaon saca de su bolso una figura de madera similar a la él y la apuñala varias veces con un cortaplumas.
El día transcurre sin ninguna complicación. A la hora del almuerzo varios empleados le ofrecen alguna delicia que sus mujeres, o ellos mismos, han preparado especialmente para él. El señor Smith promete comprtirlos después con su fmilia y guarda todo en una bolsa que horas más tarde le entregará a algún vago estando más que seguro que la mitad de esos pastelillos contienen laxantes y distintos tipos de viagra. Son las típicas bromas de oficina.
Pocos minutos antes de abandonar la oficina para regresar a su hogar el señor Smith llama a su oficina a Arthur Grimer, un simpático anciano que ha trabajado para la empresa casi desde el día de su fundación.
- Buenas tardes Arthur- dice el señor Smith sonriendo.
- Buenas tardes hijo, ¿cómo están su esposa y sus hijos?- replica el anciano.
- Fenomenal Arthur, fenomenalmente bien.
- Me alegro.
- Arthur…- dice el señor Smith simulando una mueca de tristeza - ¿sabes por qué te he llamado aquí?
- Supongo que no fue para charlar sobre golf.
- Así es Arthur, no se trata de golf. En realidad esta tarea correspondería al presidente de recursos humanos pero como se trataba de ti prefiero hacerlo personalmente. La verdad es que eres un excelente empleado, el mejor de todos, es más, creo que esta empresa ya te queda pequeña y…
- Hijo, déjate de estupideces. He trabajado en esto durante mucho tiempo y sé perfectamente que lo que ustedes quieren es saber si planeo retirarme. Pues planeo hacerlo exactamente a fin de año, y cobrar así un retiro por 30 años de fiel servicio. Si eso era lo que querías saber sabrás disculparme, esta noche vienen mis nietos a cenar…
- En realidad Arthur, es un poco más complicado que eso.- dice abruptamente el señor Smith, avergonzándose por no haber terminado antes con el discurso del anciano – Verás, justamente por ser tu un empleado ejemplar no puedo comprender por qué a esta altura de tu vida has caído en la tentación de robar artículos invaluables de las oficinas de esta empresa…-
- ¿De qué demonios hablas?- interviene el viejo.
- Hablo de las 20 engrampadoras, los 10 mouses y la computadora portátil de la empresa que encontramos en tu portafolio. Lamentablemente esto nos pone en una situación muy penosa Arthur, nos vemos en la necesidad de despedirte sin que recibas la pensión que tan bien te has ganado.
- Maldito bastardo- grita Arthur Grimer –te voy a…
Es mejor no describir en detalle lo que sucede a continuación, digamos simplemente que la situación de Arthur se complicó aún más y que el señor Smith se acercó un escalón más a su anhelado ascenso.
Debido a las complicaciones del final de su jornada laboral, el señor Smith llega tarde a su casa y encuentra a su familia entera ya acostada y descansando pacíficamente. Camina hasta la cocina y calienta en el microondas la suculenta comida que su esposa la ha dejado preparada sobre un plato. Después de deleitarse con tan delicioso platillo el señor Smith se prepara ara la tarea más desagradable, aunque sin duda la más importante, de todo su día. Pone sobre una bandeja restos diversos de comida y baja hasta el espacioso sótano que se encuentra iluminado por una tenue luz proveniente de una pequeña lámpara de techo. El señor Smith deja la bandeja en el piso, sobre los restos de la comida que su esposa llevó allí más temprano.
Alumbrado por la luz se puede ver en una esquina de la habitación un cuerpo tirado sobre un colchón y con ambas piernas y manos atadas tras la espalda. El colchón está plagado de manchas de sangre y restos de comida cuto olor se entremezcla con el de la de la suciedad del lugar. Al percibir la llegada de alguien el cuerpo intenta incorporarse pero se encuentra demasiado débil y cae nuevamente sobre el colchón. Luego de unos segundos de pausa el cuerpo se arrastra hasta donde se encuentra la bandeja y hunde su cara en la comida, haciéndola desaparecer en pocos minutos. Después del breve festín el señor Smith toma las manos del sujeto y las cuelga de un gancho de carnicería que cae del techo. A continuación coloca un pañuelo en su boca y toma un látigo para caballos que adorna la habitación y comienza a golpear la espalda del pobre con fuerza al tiempo que le dice: -Tal vez lo pensarás dos veces la próxima vez que quieras salir con mi hija sin mi permiso joven Henry.-
El joven se retuerce del dolor ante cada nuevo golpe mientras que nueva sangre brota de sus viejas heridas. Finalmente el señor Smith se detiene, se seca el sudor de la frente, tira al joven nuevamente sobre su colchón y guarda el látigo. Luego recoge la bandeja y sale de la habitación procurando apagar la luz y cerrar la puerta con varias llaves al salir.
Cansado por todos los esfuerzos del día sube hasta su habitación y se mete en la cama inmediatamente después de desvestirse. Se duerme enseguida pensando en todo el bien que ha hecho por el mundo en un solo día.
Otro feliz día en la vida del señor Smith.