jueves, marzo 30, 2006

Pétalos

Caminando por los prados sin ninguna razón aparente, pensando en mi dulce dama y si algún día llegaría a quererme, me crucé con una flor muy solitaria, y respondiendo a algún instinto que seguramente quedó oculto en mi subconsciente desde algún trauma de mi infancia, la recogí y comencé a arrancar sus bellos pétalos. Y con cada uno de ellos que volaba, una nueva respuesta surgía a mi tan ansiada pregunta: ¿Por qué ella pasa tanto tiempo conmigo?

Pétalo 1: Me ama.
Pétalo 2: No me ama pero no se da cuenta.
P(étalo) 3: Me quiere como a un amigo (gay).
P 4: Me tiene las re-ganas porque estoy re-fuerte, me la re-banco, soy re-groso y re-abuso del “re” hasta re-desvirtuarlo.
P 5: Quiere acercarse a mí porque es una agente antinarcóticos encubierta que sospecha que mi familia pertenece al cartel de Juárez.
P 6: Le parezco repulsivo pero cree que no puede conseguir nada mejor que yo.
P 7: Me usa para poner celoso a su antiguo novio, Jeff, el mariscal de campo del equipo de football y el chico más popular de toda la secundaria Thompson, que tiene las mejores calificaciones y todos admiran, respetan y adoran aunque secretamente quieren meterlo en una picadora de carne gigante; pero que la abandonó porque se la come doblada.
P 8: Ama mi escaso dinero.
P 9: Me quiere usar para experimentar con mis órganos antes de que termine de arruinarlos.
P 10: Piensa que si está conmigo las demás personas pensarán que es sensible.
P 11: Solo me quiere como su rival de backgammon extremo.
P 12: Me trata como si le importara para que le ponga una firma en el fotolog de su coatí.
P 13: Cree que si pasa suficientemente tiempo conmigo la idea de unirse a la legión extranjera será más aceptable.
P 14: Está conmigo solo para ver si logra averiguar por qué yo quiero pasar tiempo con ella.
P 15: Es una extraterrestre que vino a investigarme antes de llevarme a su planeta natal y meterme una sonda por el-que-te-dije.
P 16: Quiere averiguar el secreto de mi fabuloso peinado.
P 17: Me ve como su tesis de psicología.
P 18: Solo se acerca a mí porque su madre cree con toda razón que soy una mala influencia.
P 19: Es adicta al olor que se desprende de mi sucio cuerpo.
P 20: Me habla solo para luego burlarse a mis espaldas con todos sus verdaderos amigos cuyo único fin en la vida es reírse de mí.
P 21: Admira mi capacidad de encontrar flores con un increíble número de pétalos.
P 22: Me quiere para que le alcance cosas que están en estantes altos.
P 23: Cree que soy miembro de una secta adoradora de los pretzels a la que ha intentado entrar durante toda su vida.
P 24: Está conmigo porque cree que soy Jerry Seinfeld, aunque se pregunta por qué aún no he dicho un solo chiste bueno.
P 25: Me ve como su proveedor de música pirata.
P 26: Piensa que le enseñaré a mover cosas con la mente.
P 27: Nunca lo averiguaré si sigo buscando la respuesta en una estúpida flor.

domingo, marzo 05, 2006

Uno de detectives

Después de muchos poemas, historias, cuentos cortos, anécdotas y demás boludeces que este blog ha presentado he aquí su primera novela. Por supuesto que esto está recién empezado, solo están los dos primeros capítulos, pero a medida que pase el tiempo iré agregando lo que vata escribiendo, ¿y quien sabe? Tal vez algún día hasta la termine. Mientras tanto ojalá que disfruten de esta pequeña creación y que me ayuden a saber si realmente vale la pena darle una continuación. Saludos, el autor (osea yo).

Título de la novela: En progreso

Capítulo 1: Humos de la oficina

Estaba solo en mi oficina que por aquella época se encontraba en el 4º piso de un edificio ubicado en el cruce de la calle del infierno con la avenida del demonio, una de las zonas más alegres de la ciudad. Bandas de vándalos, adolescentes adictos a la coca y probablemente a la popsi, infestaban el lugar como ratas en una quesería, las metáforas nunca fueron mi fuerte. Por las noches las calles estaban desiertas pues todos sabían que el diablo caminaba por la calle del infierno, rumbo a una licorería a tres cuadras de la plaza donde se ponía en pedo y armaba una joda tremenda, eso sí, era una joda diabólica. En aquel barrio las mujeres no podían tener hijos, sin embargo muchos sospechaban que eso se debía más a los desechos radiactivos diseminados por las calles que a la presencia diabólica. Nunca se supo de una mujer de aquella zona que antes de cumplir los 16 años no fuese violada por el mismísimo Satanás, aunque sorprendentemente el presunto Lucifer siempre terminaba llamándose también Carlitos o Fabio. En fin, era una zona bastante agradable una vez que uno se acostumbraba al poderoso aroma fétido que distinguía al barrio.
Y allí me encontraba yo, balanceándome en mi silla y pensando cuanto tiempo más tardaría en caerme, cuando por fin alguien llamó a la puerta. Es difícil describir la alegría que uno siente cuando, después de meses sin que aparezca un maldito cliente, alguien toca la puerta. También es difícil describir la paja que a uno le da levantarse después de meses de no mover el culo de la silla ni para dormir, mucho menos pa comer. En fin, tras varios minutos de esfuerzo logré caerme de la silla, y un par de minutos más tarde ya había logrado levantarme. Cuando alcancé la puerta tanta era la emoción que sentía que no pude contener las ganas de ir al baño. Unos cuantos minutos después volvía a estar frente a la puerta detrás de la cual un impaciente cliente, no sin razón, azotaba la puerta con furia. Finalmente extendí mi huesuda mano y abrí la puerta.
Frente a mí apareció la figura de una mujer de unos 30 años, rubia, de labios carnosos, para hacerla más corta: estaba que se partía en ocho, y lo que es mejor, parecía tener mucha guita. Me miraba como si me tratase de un chicle en la suela de su costoso zapato, asqueroso pero imposible de separarse de él, se notaba a un kilómetro que me tenía ganas. Todo era perfecto, esta era la razón por la que había entrado a la escuela de detectives, para que una hermosa rubia me encargara alguna misión pedorra que llevaría a cabo arriesgando mi vida inútilmente varias veces y como recompensa se casaría conmigo y me llevaría a vivir a su mansión para que nunca más en mi vida tuviese que mover un dedo que no fuera el que sirve para cambiar el canal del televisor de 50 pulgadas con el control remoto. Mi vida estaba resuelta.
Mientras fantaseaba con todos los castillos de cartas que construiría una vez que esa hermosa rubia me mantuviese, su angelical voz me interrumpió de súbito.
- ¿Este no es el consultorio del Dr. Hemorragia no?- Mis castillos de cartas se vinieron abajo.
- No. Me temo que se encuentra dos pisos más arriba- dije muy educadamente mientras pensaba “Maldita bastarda, dame tus millones”.
- Muchas gracias…- se quedó oliendo el aire mientras pensaba en alguna frase ocurrente para rematar la conversación -… que olor tan peculiar hay aquí ¿no le parece?-
- Es todo el barrio- respondí poniendo mi mejor cara de matador y tratando de no pensar que el olor en realidad provenía de la atrocidad que acababa de realizar en el baño. Igualmente continué mintiendo – con el tiempo uno se acostumbra.-
- Debes ser un hombre muy duro para soportarlo.- dijo poniendo su mejor cara de gato. Ya no era joda, esta mina me estaba tirando onda posta, nunca hubiese creído que podía ser posible, la sola idea de que mi maravillosa fantasía se hiciese realidad me hacía dar saltos de alegría… literalmente. Tal vez fue eso, o el hecho de que se dio cuenta que yo no estaba usando pantalones, lo que la hizo salir corriendo escaleras arriba. “Igualmente no habría funcionado” fue lo que me dije para sentirme mejor.
Con los pantalones nuevamente puestos y la seguridad de que nadie volvería a tocar la puerta en por lo menos una semana decidí regresar a mi extremadamente entretenida actividad de balancearme en mi silla. Hacer eso realmente libera mi niño interno, el cual generalmente se encuentra en un oscuro lugar de mi mente consumiendo crack y haciéndome creer que mi infancia fue algo mejor que el infierno que viví en el maldito orfanato de Childrenmeat. Cada una de las cicatrices de mi espalda corresponde a una noche pasada en ese asqueroso lugar… tan frío… tan solo… daban ganas de tomar un cuchillo y masacrar a todos y cada uno de esos hijo de… Volviendo a nuestra historia, me encontraba una vez más en mi oficina, solo, sin trabajo y con la seguridad de que la situación no cambiaría por un largo tiempo o hasta que por fin alguno de mis enemigos imaginarios lograra acabar con mi miserable existencia. El sonido de un nuevo golpe sobre la puerta fue lo último que esperaba escuchar, sin embargo allí estaba.
Tal fue la sorpresa que perdí control de mi silla y caí estrepitosamente al suelo. Esta vez logré reincorporarme con una agilidad digna de un anciano con cadera artificial. En esta ocasión no titubeé al abrir la puerta aunque, por si se trataba de la rubia de antes, me aseguré de que mis pantalones estuviesen en su lugar. Todo en orden.
Para mi enorme decepción tras la puerta había un hombre gordo de edad avanzada y escasa talla, que vestía un sobretodo beige, como odio ese color, nunca entiendo si es amarillo o marrón, da igual, no viene al caso. Era sin duda el exacto opuesto de la mujer que había venido antes, y lo que era peor, parecía no tener dinero, y lo que era aún peor, parecía haberse dado cuenta de que el olor que impregnaba la habitación no era el que venía de la calle. Recé con todas mis fuerzas que fuese otro paciente perdido del Dr. Hemorroides. No sé por que siempre recurro al rezo en situaciones inútiles.
- ¿Es usted el Detective Robredo, especialista en crímenes paranormales?
- Soy yo. ¿Quién me busca?- Respondí intentando imitar la actitud de algún personaje famoso de dudoso origen.
Tanto mi apellido como mi especialización los había inventado en un intento desesperado por darme un toque de distinción de los demás detectives con oficinas en un cuarto piso de un edificio en un barrio que huele peor que un caballo muerto. Intento que naturalmente demostró ser un rotundo fracaso a la hora de conseguir clientes.
- Mi nombre es Aurelio Hárisson, mucho gusto señor… perdón, Detective Robredo- confesó, al tiempo que estrechaba mi mano. La cual luego limpié disimuladamente con mi pantalón. – Estoy aquí para ofrecerle un caso.-
Realmente me costó un enorme esfuerzo contenerme de abrazar y besar a ese tipo, más aún del que me costó con la rubia. No podía creer lo que mis oídos veían, mi primer caso. Aleluya, ¡Aleluya!
- Pase a mi oficina por favor para discutir los detalles del caso.- dije cuando recuperé la capacidad de hablar.


Capítulo 2: El último de la lista

Por más que el capítulo anterior pueda dar esa impresión, no siempre fui un exitoso detective, enemigo del crimen y de las frases rebuscadas. Yo también fui joven e inexperto, yo también soñaba con algún día ser un abogado exitoso, un astronauta o el director de películas porno. Pero el destino fue cruel conmigo, mis padres me abandonaron después de que una adivina gitana borracha les develara que entes de mi duodécimo cumpleaños cometería tales atrocidades que harían que Edipo pareciese un pan de Dios. Francamente no los culpo, sé que solo querían lo mejor para ellos mismos. Tras días de pasar de un hogar a otro llegué al orfanato Childrenmeat. Durante toda mi vida adulta he intentado olvidar las innumerables torturas que sufrí en ese lugar, y no tengo las más mínima intención de recordarlas ahora.
El deficiente sistema educativo de ese matadero de sueños solo me permitía aplicar a los trabajos más bajos y sucios en la zona más pobre de la ciudad. De todos ellos el destino quiso que eligiese el peor, policía. La idea de tener un arma entre mis manos y la enorme cantidad de alcohol presente en mi organismo la noche después de que fui liberado del orfanato alcanzaron para convencerme de que se era el trabajo perfecto para mí.
Contaba con unos 16 años cuando ingresé en la academia. Tenía la perfecta ilusión de que algún día me darían mi placa y mi arma y saldría a combatir a los malhechores de la ciudad por uno o dos días, tras lo cual me pegarían un balazo que me dejaría incapacitado de por vida, viviendo de una hermosa pensión pagada por el gobierno que el mundo me enseñó a odiar. Poco después descubrí que eso raramente sucede, en esta ciudad recibir un balazo significa la muerte, instantánea y prematura. Los pocos que sobrevivían eran trasladados a las oficinas de alguna comisaría, donde trabajaban 16 horas por día, perdiendo tanto su capacidad para pensar como su voluntad para vivir. En resumen, solo uno de cada diez policías en esta ciudad llegaba vivo al retiro, y yo comenzaba a pensar que tal vez no hubiese elegido la mejor opción, debería haberme convertido en un empleado promedio de oficina como quería mi papá, antes de abandonarme en un baño químico de un recital de Heavy Metal.
Dicho esto no es para sorprenderse que en la academia aceptasen a cualquier clase de sicótico maniático con una claras tendencias suicidas y depresión casi permanente, no me refiero a mí por supuesto, mis tendencias suicidas nunca fueron muy serias. El curso en sí era bastante sencillo, se trataba de una serie de entrenamientos básicos en armas, interrogación de testigos, insultos ocurrentes, yoga, arte y manualidades, abuso de autoridad y corrupción, de ahí en más todo el resto se aprendía en la calle o viendo una serie de videos instructivos. No hace falta decir que no llegué a destacarme en ninguna de esas disciplinas, aunque muchos opinaban que mis puteadas eran geniales.
Tras varios años en el fantástico mundo de la policía citadina, una noche desperté en el piso de un bar del centro y descubrí que estaba desperdiciando mi vida. No me avergüenza decir que pasé gran parte del resto de la noche sentado en la barra llorando prendido a una botella de whisky que estaba seguro que no podría pagar… en realidad sí me avergüenza un poco, pero ya es muy tarde para borrar lo que está escrito, además me da mucha paja. Ya estaba listo para abandonar el bar y huir de la ciudad cuando un oficial de más o menos mi misma edad se sentó a mi lado y pidió un trago con tal alegría que me hizo dudar de si realmente era un policía. Intrigado, me acerqué a él y empezamos a charlar sobre la vida, la muerte, la responsabilidad de ser policía y la matanza de ballenas en el sur de Argentina. Se llamaba Pepe Canova y había hecho a instrucción apenas pocos meses antes que yo, al parecer odiaba ese trabajo casi tanto como yo odio la salsa golf por lo que no lograba explicarme e motivo de su felicidad. El tipo era bastante simpático, cosa que me desagradó bastante, igualmente pude soportar la conversación el suficiente tiempo como para sentirme en confianza y preguntar:
-¿A qué se debe tanta alegría compañero?- dije mientras me mandaba otro trago de lo que fuere que estuviese tomando en ese momento.
-A que esta mañana pedí una transferencia. Abandono las calles compadre.- Nos llamábamos con esos sobrenombres porque ninguno de los dos lograba recordar bien el nombre del otro. Lo cual, tras 3 horas de conversación, se había vuelto bastante grotesco.
-¡Brindo por eso!- grité mientras levantaba con mi mano el cenicero, creyendo que se trataba de mi bebida, ya se pueden imaginar lo que sucedió cuando quise tomar otro trago. -¿A qué departamento te vas?-
-¡Al glorioso departamento de detectives privados!- gritó y soltó una carcajada que sonó algo así como una carcajada perfectamente común y corriente por lo que no le veo sentido a esta inútil aclaración.
No pude evitar escupir las colillas de cigarrillos que había en mi boca en la cara del pobre Pepe, no solo por el asco de sentir la ceniza sobre la lengua, sino también por la sorpresa.
-Creí que el trabajo de detective privado era el peor de lo peor. No solo no te pagan el maldito sueldo regular sino que también uno tiene que trabajar solo y ocuparse de todo el papeleo. Aparte de la libertad para asesinar impunemente a cuanto punga se te cruce por la calle, no le veo absolutamente ninguna ventaja.
-Amigo, yo pensaba lo mismo, pero acercate un poco que te voy a contar un secreto.-
Yo pensé que el tipo era medio raro y me estaba tirando onda, sin embargo lo único que hizo fue darme una charla que cambiaría el rumbo de mi vida. Eso e intentar cholearme la billetera que igual estaba vacía.
Me contó que el trabajo del detective privado consistía principalmente en tratar casos que los clientes no se atrevían a llevar a la policía regular, a veces por vergüenza, muchas más veces porque se trataba de algo ilegal. Por eso pagaban bastante mal por el servicio, pero muy bien para que mantuviesen la boca cerrada. Otra ventaja de esta profesión según mi compañero, era el poder actuar al margen de la ley pero teniendo siempre una placa a mano para zafar de varias situaciones incómodas de ser necesario. Tenía que admitir que la propuesta era bastante interesante, aunque en ese momento hasta el trabajo de muñeco de pruebas de vehículos me habría parecido bastante interesante. Sin embargo lo que terminó de convencerme fue su frase final:
-Lo mejor del trabajo de detective privado son sin duda las rubias ricachonas. Cualquiera que haya visto una película de detectives, o una parodia basada en una de ellas, sabe con seguridad que en algún momento de la vida de un detective una atractiva mujer rubia le ofrecerá un caso muy boludo para que este resuelva fácilmente y como recompensa lo mantendrá de por vida con sus millones. Ese es el destino del detective privado.- concluyó antes de caer desmayado sobre la barra.
No necesitaba agregar nada más, yo ya estaba en camino a solicitar el registro de detective privado. Aunque tuve que esperar un par de horas frente a la estación porque el tal Pepe me había manoteado las llaves.
Sin embargo todo resultó mucho más complicado de lo que esperaba, ya que aparentemente Pepe no era el único que conocía los beneficios del oficio. Una vez que hube anotado mi nombre noté que había otros 14 aspirantes antes de mí. Yo era el último de una larga lista de fracasados y perdedores que buscaban salir de su miseria con ese supuesto trabajo soñado. Como en mi departamento solo daban una de esas licencias cada año desde el comienzo supe que si quería ganar el puesto debería recurrir al fino arte del sabotaje, es decir, lograr que cada uno de los aspirantes cuyos nombres estaban antes que el mío desapareciesen de la lista.
El primero en irse fue el mismísimo Pepe, quien había caído en coma alcohólico la misma noche en que me develó el secreto de la felicidad policíaca. Para deshacerme de los demás tuve que dar uso a mi poderosa imaginación. En los meses sucesivos fueron muchos los accidentes que ocurrieron en la estación. El agente Dedorans, por ejemplo, fue atropellado por un automóvil mientras dirigía el tráfico, suplantando a un semáforo que había sido oportunamente saboteado. Otro ejemplo es el de la agente Tyler, quien fue atacada por una horda de gatos atraídos por el fuerte olor a pescado que despedía su uniforme. Admito que no todos estos accidentes que supe hacer provocar fueron tan ingeniosos, pero todos fueron efectivos. Al momento de otorgar el puesto de detective privado, aunque más que un puesto era una liberación, mi nombre era el único en la lista.
En una pequeña ceremonia, en la que no faltaron globos y pasteles envenenados, me dieron mi diploma junto con mi nueva placa y una pistola aún más vieja que la anterior, aunque metía mucha más facha. Luego de despedirme con lágrimas en los ojos de mis antiguos superiores y varios colegas que me odiaban profundamente, busqué en los clasificados un apartamento ubicado en la zona caliente de la ciudad y me encontré con el 4º piso que ustedes ya tuvieron el placer de conocer. Pocos días después mudé allí todas mis cosas, planté el culo en el sillón y comencé a hamacarme esperando la llegada de una hermosa ricachona rubia, o por lo menos de un caso.


Capítulo 3: Tony presenta su caso

No se como me daba la cara en esa época para llamar ese antro lúgubre e inmundo “oficina”. Era una habitación bastante pequeña que servía de oficina, dormitorio, cocina, comedor, living, sala de billar, prostíbulo y ocasionalmente de baño. Las pocas partes de las paredes que no estaban cubiertas por moho dejaban ver un color que en alguna época supo ser amarillo pero que ahora más parecía ser algo salido del ano de un elefante diarreico. Los únicos muebles que había allí eran el indispensable escritorio, el cual también servía de cama y mesa, un archivo para guardar la información sobre los más increíbles misterios que por aquellos años contenía la más grande colección de pornografía que cualquiera de ustedes haya tenido el lujo de imaginar. También había una heladera, generalmente vacía, un par de fotos de antepasados de otras personas y una con mi cara pegada sobre la de alguien que estaba abrazando al que hacía de Larry en los tres chiflados. Otro pequeño cuarto armado por mí mismo en una esquina servía de baño, aunque rara vez era utilizado por alguien que no fueran las ratas.
En esta inmunda pocilga fue donde recibí a mi primer cliente al cual, por comodidad de todos y por paja mía, de ahora en adelante llamaré “Tony” o “gordo Tony” y en ocasiones “Tigretonio”.
Invité a Tony a sentarse en el piso porque el único asiento disponible era mi sillón, y bueno… era mi sillón carajo. Él rechazó amablemente la invitación y se quedó parado.
- ¿De qué se trata el caso?- inquirí decidido a hacer todo lo posible por parecer el talentoso profesional que no era ni nunca iba a ser.
- Bueno…- comenzó a decir el gordo, visiblemente intimidado por mi actitud.
- No me haga perder el tiempo.- interrumpí antes de que pudiese pronunciar otra palabra – vaya al grano-
Más que plantar una actitud de duro estaba poniendo a Tony bastante incómodo pero por alguna razón me sentía muy satisfecho de mi mismo, sin duda debido a los estupefacientes que había estado inhalando un par de horas antes. Eso explicaría también por qué en ese momento veía cinco Tonys en vez de uno.
- ¿Conoce usted a la familia Bonanzini?-
- Por supuesto- respondí.
Por supuesto que no la conocía.
- Entonces no debo molestarlo en explicarle la situación que vive hoy en día esa familia.-
A pesar de que mi capacidad de razonamiento estaba seriamente disminuida logré reaccionar a tiempo y formular una brillante replica digna del mismísimo Cherloc Jolms.
- Creo que no vendría mal repasar todos detalles desde sus bases, Tony.-
- ¿Por qué me llama Tony?- preguntó sorprendido – Mi nombre es Aurelio.-
- Lo llamo así por comodidad del lector-
- ¿Lector? ¿De que diantres habla?
- No tengo tiempo de ponerme a explicar el concepto de ente de ficción, solo acepte el hecho de que de ahora en adelante usted es Tony y siga con su explicación.-
Tony, aparentemente admirado por mi brillante retórica volvió a su relato.
- Yo soy el abogado de la familia Bonanzini y cuento con la confianza del señor Marco Pedo Bonanzini para esta clase de asuntos delicados… Así que me encargó de contactarlo a usted específicamente para este trabajo.-
Sinceramente me estaba cansando de tanta vuelta. Me moría por saber de que mierda se trataba el caso y el gordo divagaba de tal forma que llegué a sospechar que él también había consumido su buena dosis de porro.
- Prosiga.- dije simplemente a ver si se apuraba un poco.
- Muy bien. Como ha de saber la familia Bonanzini es una de las más ricas de la ciudad.- la cosa se ponía interesante – El señor Marcos hace varios años se hizo cargo de la compañía tras la muerte de su padre y en poco tiempo la convirtió en una de las empresas más lucrativas del mundo a pesar de su poca experiencia en el negocio de los waffles. La señora Olivia también proviene de una prestigiosa familia pero no se interesa en los negocios, es famosa por sus fiestas y sus obras de beneficencia. El hijo mayor, Michelle, estudia en la universidad de Green Beach, y muy pronto se recibirá con todos los honores.- hasta acá la familia era un estereotipo viviente, de esos que aparecen una y otra vez en miles de series iguales que uno nunca se cansa de ver con la triste esperanza de que por una vez en la vida se trate de algo distinto.- La hija Melany sin embargo es la oveja negra de la familia…- Todos mis sentidos se agudizaron.
- ¿Hay una hija? ¿Por casualidad es rubia y está más buena que la barbie Malibú?- dije con mi mejor cara de violador abusivo.
- No sé a que se refiere pero la señorita Melany tiene 17 años, es morocha y su cara podría compararse con cualquier obra de picasso. ¿Por qué lo pregunta?-
- Por nada.- dije haciéndome el boludo, aparentemente Tony no era muy vivo que digamos y no se había dado cuenta de mis morbosas intenciones.-Prosiga.- repetí. Ya empezaba a gustarme esa palabra.
- Bueno, Melany es justamente la razón por la que necesitamos sus servicios.-
Me abstuve de la enorme tentación de decir de nuevo “prosiga”.
- Verá,- continuó Tony – no es ningún secreto que el señor Bonanzini está a punto de lanzar su candidatura a la alcaldía de la ciudad y que con su reputación intachable si victoria es casi segura.-
No solo era la primera vez que escuchaba el apellido Bonanzini, sino que nunca había escuchado palabras tales como candidatura, alcaldía y reputación. Pero pensé que si preguntaba que garcha era todo eso el gordo Tony dudaría de mi sobreestimado intelecto.
En su lugar pregunté -¿Cómo se relaciona esto con Mellon? ¿Y como es que en el registro civil les permitieron a sus padres ponerle semejante nombre?
- Querrá decir Melany…-
- Ni yo sé lo que quiero decir a esta altura…-
- El hecho es que Melany se ha estado juntando con jóvenes de muy mala reputación, drogadictos, bandas de punk, irlandeses, Ashlee Simpson… ya se puede hacer una idea.- hizo una breve pausa para eructar – en especial ha estado tratando un conocido vendedor de droga del bajo mundo. Ya se imaginará el impacto que podría tener esto en a campaña de su padre si sale a la luz Esto es estrictamente confidencial, así que le ruego que no lo cuente a nadie o nos veremos obligados a demandarlos- agregó, frustrando mi fugaz fantasía de contar todo a la primera revista de chismes y chimentos que se cruzase en mi camino.
- ¿Y qué es lo que usted propone que yo haga?- esa era la primera pregunta coherente que yo había realizado en toda la entrevista.
- Usted deberá seguirla a los lugares que ella frecuenta, averiguar quienes son sus amigos, que come, donde come, como come, sus intereses, sus sueños, su visión del mundo moderno y principalmente si realmente consume drogas. Si esto último resulta ser verdad su padre intervendrá y se ocupará personalmente.-
Debo admitir que en el momento me sentí un tanto decepcionado. Después de tanto misterio esperaba que el trabajo resultara ser algo un poco más interesante. Igualmente lo único en lo que quería en aquel momento era averiguar lo más importante.
- ¿Cuánto hay?-
- ¿Disculpe?- preguntó sorprendido. Sin duda este tipo nunca había salido de su maldita oficina de dos por dos.
- La remuneración, ¿de cuánto sería?- pregunté esforzándome por encontrar un sinónimo que pudiese entender sin poner cara de boludo hasta descifrar mis palabras.
- ¿Cuál es su tarifa habitual?
Nunca había necesitado tener una antes.
- 20.000 dólares.
- Le daremos 200 pesos, en patacones, hasta 50 pesos para gastos personales, un sándwich de milanesa y el señor Marco podrá abusar sexualmente de usted cuando mejor le venga.
- ¿Dónde firmo?- dije sin dudar… era aún mejor de lo que había esperado en un principio. Francamente sentía que estaba estafando al pobre multimillonario y su ingenuo abogadillo.
- Aquí mismo- respondió ofreciéndome una servilleta de papel donde se hallaban escritas un par de puteadas y un “firme aquí”, seguido por una línea punteada absolutamente torcida. Me apresuré a estampar m autógrafo sobre el papel.
- Muy bien. Todo listo. Ah, lo olvidaba. Yo personalmente lo vendré a visitarlo periódicamente para evaluar su progreso y llevar las novedades al señor Bonanzini.- dijo el gordo entusiasmado. Como si la idea de salir regularmente de su pequeño infierno laboral opacara totalmente el hecho de que tendría que pasar la gran mayoría de ese tiempo de libertad en mi enorme y diabólico infierno laboral.
Mientras Tigretonio se dirigía hacia la puerta aproveché para pegar un pequeño saltito de alegría, retomando inmediatamente mi falsa postura seria.
- Adiós. Que la fuerza te acompañe.- dije imitando el diálogo de alguna película cuyo nombre no voy a mencionar para evitar cargos de plagio.
- Hasta pronto entonces, detective… aquí tiene toda la información que puede serle útil para seguirle el rastro a Melany.- dijo sacando un manojo de hojas de su portafolio e invitándome a tomarlas.- Por lo que más quiera, no permita que ella note su presencia, también recuerde que…- en este punto me aburrí de tanta charla inútil y me quedé dormido. Al despertar Tony había desaparecido, junto con la rosquilla rancia que tenía guardada en un cajón y el manojo de papeles estaba sobre mi escritorio. Era hora de ponerme manos a la obra o de dormir. Elegí dormir.

Capítulo 4: Sándwiches, sexo y sorpresas

Durante tres días esperé impacientemente el regreso de Tony con mi adelanto para así poder comenzar mi “seguimiento de actividades del sujeto”, mejor conocido como “acoso”. Cualquier detective respetable y dedicado a su trabajo habría aprovechado ese tiempo de espera para comenzar a moverse y realizar sus propias averiguacones sobre el objetivo y así lograr causar una mejor impresión ante el cliente, haciéndole saber que su dinero no sería gastado en vano. Yo dediqué ese tiempo a ver como una mancha de humedad se extendía por la pared de mi oficina devorando todo lo que encontrara a su paso, sembrando el caos, el moho y el terror. Realmente es fascinante lo que el hombre puede llegar a encontrar interesante siempre y cuando sea la alternativa a hacer su bendito trabajo.
Cuando finalmente apareció Tony la mancha había alcanzado las épicas proporciones de un metro cuadrado y yo no podía imaginarme cual sería su destino una vez que recubriese toda la pared, su ambición no parecía tener límites. Tony, quien extrañamente no compartía mi interés por aquella gran historia, me abstrajo de mis pensamientos y me devolvió a la triste y penosa realidad.
- Aquí le traigo su adelanto- dijo Tony al tiempo que exhibía en su mano un pequeño fajo de billetes y un sándwich de jamón y queso.
- Habíamos quedado en milanesa.- dije sorprendido.
- ¿No hablará en serio? Era una simple broma detective. Este es mi almue…- dijo, demasiado tarde, ya me había abalanzado sobre la presa, haciéndola desaparecer en cuestión de segundos.
- Espero que este incumplimiento me exima del servicio sexual.- dije intentando fingir algo de compostura y con la cara aún manchada de mayonesa.
Tony se limitó a observarme extrañado, como dudando si estaba hablando en serio o simplemente le seguía el juego a su pequeña broma de pésimo gusto. Finalmente me entregó el dinero, al tiempo que me preguntaba cuanto había avanzado en la investigación.
- Hice algunas averiguaciones.- respondí vagamente. Tony pareció darse por satisfecho.
Al parecer por esta vez había zafado, sin embargo el gordo no parecía tener la más mínima intención de irse y permitirme volver a dedicarme a mi querida mancha de humedad.
- Detective…- balbuceó en un tono apenas perceptible al oído humano, o por lo menos al infrahumano, en mi caso – ¿le molestaría mucho si uno de estos días me permitiese acompañarlo en su trabajo?- No lo podía creer. El peor de mis miedos acababa de llegar a mí en forma de un gordito estúpido.
Porque por supuesto que hasta ese momento yo no tenía la más mínima intención de seguir a la drogona esa, solo para comprobar lo que sus padres ya sabían. Simplemente pensaba perder el tiempo durante una o dos semanas y luego notificarle a los papis que su querida hijita tenía un problema. Ellos, muy agradecidos, me entregarían mi paga y yo me sentiría satisfecho por haber contribuido a hacer de este mundo un lugar mejor. Y ahora este gordo infame quería mandar todo por el caño con esa propuesta indecente, pero yo no me rendiría fácilmente.
- ¿Tienen miedo de que no haga mi trabajo como se debe?- dije intentando sonar indignado.
- Por supuesto que no.- exclamó Tony. Parecía estar muy nervioso, casi asustado, de lo que iba a decir a continuación. – Es que… siempre admiré el trabajo de detective, todo ese misterio y acción es algo que no se ve en la vida de un simple abogado. Este trabajo tiene algo de glamoroso, algo que me atrae inmensamente. Discúlpeme si lo he ofendido pero es que no podía dejar pasar esta oportunidad.- Lo soltó todo de corrido y al final tuvo que volver a tomar aire como si el admitir todo eso le hubiese costado un gran esfuerzo.
Mi primera reacción fue mirar a mi alrededor buscando algo que tan siquiera tuviese pinta de glamoroso, con un obvio fracaso. Luego caí en la cuenta de que el gordo se acababa de inventar una de las excusas más rebuscadas que había tenido el lujo de oír. Sinceramente en ese momento me percaté de que había subestimado a Tony, a pesar de que parecía tener una inteligencia que no superaba la de un chimpancé pasado de sidra, había logrado elaborar una mentira a la que nada podía replicar, porque si le decía que no sospecharía que no pensaba hacer nada de lo que me estaba pagando por hacer. No me quedaba otra opción más que aceptar y pensar que hacer después de darle un rato a la pipa.
- No hay ningún problema entonces.- dije esgrimiendo mi peor falsa sonrisa, mientras que internamente le deseaba al gordo una muerte lenta y dolorosa.
- Vendré en un par de días, ¿le parece bien?- preguntó lleno de felicidad. Parecía que le acababan de decir que se había curado de la gastroenteritis.
- Muy bien, nos vemos.- respondí mientras lo escoltaba afuera y le cerraba la puerta en la cara.
- ¡Muchas gracias!- escuché gritar desde el otro lado.
No podía creer mi buena suerte. El gordo, a pesar de su ingenioso plan, acababa de darme la oportunidad de fugarme a Dinamarca con los 50 mangos que ya me había pagado y salir impune. Sin embargo, mientras me dirigía a mi escritorio para buscar mis pocas pertenencias, sentí que algo estaba mal. Yo no me había hecho detective por unos míseros 50 pesos, había razones que iban mucho más allá de esa pequeña suma de dinero, razones que finalmente me hicieron abandonar mi plan de escape y resignarme a realizar el trabajo que me había sido encomendado. 200 razones en patacones valían el esfuerzo.

jueves, marzo 02, 2006

Hipódromo

No sé si esto entra dentro del rubro "cuentos en joda" o "cuentos para pensar", capas en los dos, lo dejo a su criterio.

Los competidores están en posición de largada, el objetivo a la vista, la pista despejada, todo listo para comenzar. La bandera está alta y los músculos se tensan, cada milésima de segundo cuenta al momento de ganar, por eso una buena salida es lo más importante.
Baja la bandera y comienza la carrera, los 4 adversarios salen bastante parejos, con ligera ventaja de “Remera blanca” gracias a su sorprendente agilidad al esquivar los primeros obstáculos que se cruzan en su camino.
“Rugbier” va quedando atrás por culpa de un impertinente que se le acerca a pedirle fuego, ¡pero esperen! Con un certero manotazo aleja al obstáculo y retoma terreno.
Ay, ay, ay, “Gorrita” parece estar teniendo problemas al acercarse a la barra, pierde ventaja con los múltiples borrachos que le cortan el paso. Tal parece que toda esperanza está perdida para él, pero aún no se rinde, los milagros son siempre posibles.
¡Increíble maniobra de “Punky” al deslizarse por el borde de la tarima! Le saca dos cabezas a “Rugbier” y “Remera blanca” que persisten en su intento por llegar primeros. “Gorrita” sigue último perdiendo aun más terreno.
“Rugbier” se acerca a “Remera verde” de costado… ¡y lo saca de su camino! ¡Sí señores, jamás visto! “Remera blanca” se cruzó en el camino de “Rugbier” y este lo sacó volando. Parece que todo se decidirá entre él y “Punky” ahora.
“Punky” va perdiendo terreno pero sigue a la cabeza, ya no queda mucho terreno, parece que va a llegar… ¡Una mujer se cruza en el camino y se la lleva puesta! ¿Aprovechará “Rugbier” esta ventaja? ¡No! Tropieza con “Punky” y termina también en el suelo, que tragedia señores…
Y “Gorrita” vuelve de entre los muertos para reclamar su título. Salta por encima de sus rivales abatidos… ¡Y llega a la meta! Que carreras señores, que carrera… “Gorrita” está ahora hablando con la muchacha, veamos si consigue llevarse el premio.
- Hola, ¿Cómo te llamás?
- Laura, ¿Vos?
- Joaquín… ¿Querés ir a charlar un rato?
- Bueno, dale.
Un justo premio para un justo vencedor… Vamos ahora a la 3ª carrera del boliche “Tatú”, las apuestas están 5 a 1 para “Pelo negro”, 3 a 1 para “Bufanda”, 2 a 1 para…

lunes, febrero 27, 2006

La Pluma

Sumergido en tristes pensamientos, veo entrar una pluma por mi ventana.
Frágil y temblorosa se acerca tímidamente, intimidada, tal vez por mí.
Le sonrío tiernamente invitándola a acercarse sin miedo,
No comprendo aún el peligro que disfraza tan delicada figura.

De pronto comienza a bailar frente a mí, seduciéndome con sus movimientos suaves.
Reconozco en ella los rasgos de una hermosa mujer.
Mis ojos se regodean con sus vueltas y giros al compás del viento,
Y toda mi mente entumecida se centra en ella, no puedo dejar de observarla.

Acerco mi mano lentamente para tocarla pero me esquiva asustada,
Aún así continúa bailando y tentándome, creo escuchar una risa.
La pluma ya no es pluma, es una joven de cabellos blancos que me llama,
Grita mi nombre y al mismo tiempo me rehuye, me confunde y me incita a perseguirla.

Me levanto despacio y decido acercarme a ella sutilmente,
Ella, leyendo mis movimientos se aleja con gracia, me permite rozarla, pero no tomarla.
Tan libre, tan fresca, tan pura es su esencia, indomable y perfecta.
No es sencillo, atraparla, enamorarla de mí como yo lo estoy de ella, parece imposible.

Cruza mi mente la idea de encerrarla, cortarle el viento que le da vida,
Mas de nada serviría ello más que para matarla, asesinarla brutalmente.
Debo atraparla con vida, debe ser mía a cualquier precio, la amo demasiado.
Ella es todo lo que siempre he soñado, la belleza personificada, el todo y la nada.

Ya no puedo contenerme, salto sobre ella, intento sujetarla, será mía a cualquier precio.
No le cuesta escapar de nuevo entre mis manos, asustada por mi violencia.
Envuelto en el polvo la veo huir despavorida, danzando hacia la ventana abierta.
Se acerca a la libertad que tanto ama, y se aleja de mí abandonándome una vez más.

No dejaré que huya, no después de desearla durante tanto tiempo, por fin será mía.
Corro hacia ella y me preparo a saltar, siento que esta no podrá huir, está tan cerca…
Miro hacia abajo y veo el abismo, un simple salto me separa de la caída y ella lo sabe.
La duda se apropia de mí, ella está a solo un suspiro, pero es el suspiro de la muerte.

¿Será que este es el destino del ser humano? ¿Amar y morir?
¿Valdrá la pena morir por ella? Ella, que me sedujo, me enamoró, y ahora me pide la vida.
Retrocedo lentamente, respiro… con fuerza sobrehumana salto al vacío y tomo la pluma.
Ella ahora me sonríe, me jura amor eterno mientras caemos juntos al vacío, al aire, al viento.
Sí vale la pena.

viernes, febrero 24, 2006

Horóscopo

Debido a la increíble popularidad alcanzada por este blog durante los últimos tiempos (algunos post alcanzaron picos máximos de 6 comentarios) me veo en la obligación de crear el suplemento que toda publicación que se respete posee, el horóscopo. Así que acá van las predicciones para los millones de lectores de este blog, espero que ninguno intente suicidarse después de que le haya develado su futuro.

Capricornio:
Trabajo: No deje que su inminente despido arruine su humor durante la semana, el buen ánimo es lo más importante.
Salud: Descubrirán nuevas enfermedades en usted, alégrese será famoso.
Amor: El simple hecho de que haya estado solo los últimos 20 años no significa que no vaya a estarlo los próximos 20, si es que vive tanto…
Sorpresas: Un amigo le cobrará una deuda de hace diez años para poder costear su adicción a la heroína, y le pedirá los intereses.

Acuario:
Trabajo: Lo ascenderán debido a la muerte de su compañero de oficina. ¡Bien hecho!
Salud: La luna en acuario indica una muerte inminente para usted y todos sus seres queridos producto de un ataque de un país enemigo.
Amor: Se enamorará perdidamente de alguien poco antes de que ambos mueran.
Sorpresas: No vivirá lo suficiente como para recibir ninguna.

Piscis:
Trabajo: Lo arrestarán por sustraer dinero del fondo de caridad de su empresa.
Salud: Contraerá la gripe aviaria por comer cerdo.
Amor: Se casará con una anciana para heredar sus joyas cuando muera. Luego descubrirá que en su testamento pide ser enterrada con ellas.
Sorpresas: “Jedi” no es una religión oficial.

Aries:
Trabajo: Complicaciones debido a una fuga de gas, su secretaria probablemente deberá renunciar a su puesto, lo cual es bueno ya que usted obviamente no la soporta.
Salud: La inhalación de gas le hará que es un personaje famoso (posiblemente el Papa) durante varias horas.
Amor: Tendrá un amorío con su nueva secretaria y su pareja lo abandonará junto con la mitad de sus bienes.
Sorpresa: La nueva secretaria viene con sorpresa (por eso le dicen Huevito Kinder).

Tauro:
Trabajo: Los Taurinos son siempre muy agresivos en su trabajo, por eso se peleará con más de la mitad de sus compañeros provocando su propio despido y el de ellos.
Salud: Sus antiguos compañeros que fueron despedidos por su culpa lo molerán a palos.
Amor: En el hospital conocerá a una hermosa enfermera que se casará con usted por su dinero.
Sorpresa: Para su flamante esposa: ¡Usted no tiene dinero!

Géminis:
Trabajo: Por más que intente evitarlo en la oficina siempre hay alguien que hace todo igual a usted.
Salud: Sufrirá un ligero caso de doble personalidad. Todos sus amigos encontrarán a la otra personalidad mucho más agradable que usted pero no se atreverán a decírselo. Por eso se lo digo yo, gil.
Amor: Conocerá a dos hermosas mujeres y pasará con ellas una intensa noche de pasión. Al momento de decidirse por una descubrirá que son lesbianas.
Sorpresa: Encontrará a su hermano perdido a quien deberá alojar en su casa y pagarle la universidad.

Cáncer:
Trabajo: Usted está desempleado y siempre lo estará. Acostúmbrese.
Salud: Usted padece terribles enfermedades que condicionan su vida y siempre las padecerá. Acostúmbrese.
Amor: Usted está solo, siempre lo ha estado y siempre lo estará. Acostúmbrese.
Sorpresas: Por si aún no le quedó claro: todo va a seguir como está ahora. Acostúmbrese.

Leo:
Trabajo: Sus empleados le darán una fiesta sorpresa por su reciente ascenso. Usted creerá que es un intento de homicidio y huirá despavorido a un país de Europa Oriental.
Salud: Manténgase alejado de las agujas, los ventiladores y las tarjetas de Navidad con un Papá Noel en la tapa y un grupo de renos ebrios en la contratapa.
Amor: Los Leo siempre son winners con las minas. Este no es su caso.
Sorpresas: Alguien de su pasado volverá para atormentarlo. Sospeche de Barney el dinosaurio.

Virgo:
Trabajo: Le ofrecerán una excelente oportunidad de iniciar una carrera que usted rechazará para poder seguir viviendo de sus viejos.
Salud: Los Virginianos siempre cuentan con una excelente salud y viven largas vidas… hasta ESTA semana.
Amor: Como el nombre de su signo lo indica, usted es virgen y no veo ninguna razón por la que debería dejar de serlo en un futuro próximo.
Sorpresas: Aquel oscuro secreto que había sabido guardar tan bien saldrá a la luz.

Libra:
Trabajo: Siga haciendo lo suyo y mantenga su nivel de trabajo, será recompensado con un despido fácil y rápido.
Salud: Deje de torturar a su hígado con cerveza, si quiere chupar que sean bebidas blancas.
Amor: El amor está a la vuelta de la esquina… prostituyéndose por 2 pesos. Mejor evítelo.
Sorpresas: Uno de cada 5 conejos de Birmania es un asesino ninja. Tenga cuidado.

Escorpio:
Trabajo: No sea tan pajero y empiece a hacer algo o se va a cagar de hambre e resto de su vida.
Salud: Veo un Cáncer en su futuro.
Amor: Encontró a una persona con quien podría pasar el resto de su vida y la rechazó. Jódase.
Sorpresas: Le pedirán que se bañe. Hágalo.

Sagitario:
Trabajo: El chuparle las medias durante años a sus jefes por fin dará sus frutos, cambiarán su sobrenombre por uno que demuestre mayor confianza: “boludo”.
Salud: No oprima ese botón.
Amor: Este fin de semana alguien recibirá un flechazo suyo... literalmente. Deberá ser operado de urgencia.
Sorpresa: Este horóscopo es inexacto en un 156% de los casos.

jueves, febrero 23, 2006

Un día en la vida del señor Smith

Bueno, este es un pequeño tributo a la gran serie que es "Desperate Hosewives" que nos demuestra que es inútl aparentar el tener una vida perfecta cuando todos sabemos que no existe nadie sin defectos.
Aprovecho para agradecer a todos los que estuviron poniendo comentarios, mis amigos mi familia y los chicos del foro. Muchas gracias por darme ánimos para seguir escribiendo.


El señor Smith es un hombre común y corriente como cualquier otro. Fiel esposo, padre de dos hijos y empleado ejemplar de una compañía de lavarropas. Tiene 45 años y lleva 20 de ellos casados con Jennifer. Es alto, tiñe su cabello de gris y le encanta la pesca de salmón. Pertenece junto a toda su familia a una Iglesia independiente que se encarga de mejorar la sociedad, la cual fue señalada más de una vez por los miembros de todas las religiones como una secta intolerante que desprecia a todo aquel que no lleve el mismo estilo de vida que sus miembros. Por supuesto que el señor Smith considera estas acusaciones ridículas.
Cada mañana se levanta a las 6 en punto, besa a su esposa en la frente, viste su buzo gris junto con su jogging deportivo, también gris y sus championes de lona blancas impecables cuyos cordones ata cuidadosamente con doble moña. Baja al comedor para prepararse un saludable desayuno base de cereal con leche, a la cual agrega un pequeño trago de whisky para darle más sabor. Sale a la calle al trote al tiempo que pone en marcha el cronómetro de su reloj, ¿quién sabe? Tal vez hoy establezca una nueva marca. Mientras recorre las primeras cuadras de su trayecto divisa al diariero realizar su labor, lo saluda amablemente preguntándose para sus adentros si sabrá que fue él quien lo denunció ante la junta del periódico por tomarse 20 minutos de descanso a la mitad de su recorrido, “En este país ya hay demasiados perezosos”se dice mientras ve al pobre bañado en sudor correr de una casa a otra para cumplir con su horario.
Una hora exacta después de haber salido de su casa para el cronómetro frente a su puerta. “otro tiempo perfecto” piensa satisfecho. Al entrar a su casa ve a su esposa recién levantada sonreírle cariñosamente.
- ¿Cómo estuvo el paseo mi amor?-
- Excelente cariño. ¿Ya se han levantado los niños?-
- Aún no, pero ya no deben tardar.-
El señor Smith culmina con una sonrisa aquella breve conversación que será la última de la mañana, y probablemente la única del día a menos que vuelvan a verse a la hora de la cena.
Jessica Smith es una mujer de unos 43 años, 4 meses y 12 días, de altura normal y un poco rolliza. Trabaja de ama de casa y cada jueves por la noche se junta con otras mujeres del vecindario a jugar bridge y compartir chismes sobre los habitantes del vecindario. Por supuesto que hablan pestes de aquellas señoras que no gustan de compartir con ellas tan importante actividad. A la señora Smith le gusta cocinar platillos de todas partes del mundo por eso cada día de la semana está dedicado a un país diferente, por ejemplo el miércoles es el día de la “comida oriental”, el sábado el de la “comida italiana” y el martes el de la “comida sudaca”. Jessica es también famosa en el vecindario por sus tortas fritas, las cuales son siempre un éxito en la venta anual de la parroquia.
Segundos después los hijos del señor Smith bajan al comedor. Sárah, la mayor, tiene 17 años y es la luz de los ojos de su padre, alumna ejemplar y la niñera más requerida del vecindario. Lamentablemente no es tan hábil para elegir novio como para adular a los profesores que más le conviene. Por suerte su papi se encargó de que el joven Henry, un ayudante de mecánico cuya única aspiración en la vida era la de estudiar arte y convertirse en pintor, fuera reclutado prematuramente por el ejército y enviado a cumplir su servicio en una base en la Antártida donde desapareció misteriosamente durante una tormenta. El señor Smith tuvo que dejar que su amigo el General Watson lo batiera al golf tres veces seguidas para obtener ese favor, pero bien había valido la pena, ahora su dulce hija solo sale con aquellos hombres cuyos nombres estén en la lista que le entregó su papi.
El hijo varón, John, tiene 16, es capitán del equipo de softball y tendría serias chances de convertirse en profesional si la providencia del señor Smith no hubiese ya señalado que se convertirá en un político digno de su país. Por supuesto que cuando John decidió que su futuro era como bailarín profesional el señor Smith no tuvo más remedio que plantar 3Kg de marihuana en su habitación obteniendo así una excusa para enviarlo a la escuela militar durante un año. Cuando regresó ya no hablaba de música y baile, solo de defender los intereses de su país a cualquier precio. El señor Smith tuvo que contenerse para no llorar de la emoción al verlo vestido en su uniforme.
Ambos hijos al llegar al comedor saludan efusivamente a su padre, él responde con afecto, “aún son unos niños” piensa “pero crecen tan rápido”. Luego de esta breve escena familiar se despide de sus hijos y sube a bañarse. Siente que este será un gran día, como todos los demás. Una vez que ha terminado de bañarse y vestirse toma su portafolio y baja a despedirse de su mujer, sin decirle nada, solo le da un gran beso en la mejilla. Mientras cruza la puerta no ve como su esposa se pasa disimuladamente una servilleta por esa misma mejilla.
Al salir de su casa ve a su vecino, el señor Wellington, quien está regando tranquilamente su césped. El señor Smith finge no verlo, como cada vez que se lo cruza. Durante años sostuvieron una amigable rivalidad de vecinos que culminó cuando el señor Smith le envió anónimamente a la señora Wellington una serie de fotografías que mostraban a su esposo en situaciones muy comprometedoras. La broma no resultó exactamente como la había planeado ya que la mujer apareció muerta con un frasco de veneno para ratas en su mano pocos días después de recibir las fotos. Desde entonces el señor Wellington guarda alguna clase de rencor hacia el señor Smith que ni siquiera las tortas fritas de Jessica han sabido disipar. Sube a su camioneta 4X4, ganada en el último sorteo de la parroquia después de realizar una generosa donación a la cuenta bancaria del padre Frederik, y se marcha a su trabajo.
El edificio donde trabaja el señor Smith se erige en el centro de un grupo de edificios más bajos, pertenecientes a compañías menos importantes. Sobre la enorme entrada se puede ver el letrero que dice “Lavarropas Hertinger, líderes en el cuidado de su ropa”. El señor Smith mira ese letrero con orgullo, tanto el genial slogan como la idea de cambiar el nombre de “Manolo” a “Hertinger”, fueron obras suyas. Porque eso es lo que hace el señor Smith para su empresa, tener ideas. Su poderoso automóvil ingresa en el estacionamiento y se dirige directamente al espacio donde brilla la frase “reservado para el vicepresidente de márquetin”. “Muy pronto ese vice desaparecerá” piensa confiado recordando que su superior padece un serio caso de cáncer de pulmón. Baja del vehículo y observa su perfecta figura refejada en e espejo retrovisor, está preparado para enfrentar el día. Si su casa es su reino, su trabajo es su campo de batalla, “y yo jamás pierdo” se dice a sí mismo para darse confianza.
Una vez que el ascensor lo ha llevado hasta uno de los pisos superiores, el señor Smith comienza a recorrer las diferentes habitaciones para hacer notar su presencia a sus subordinados, ellos deben saber que é está allí para no sentir miedo, sin su presencia estarían tan perdidos como un latino en la feria de la tecnología. Entre estos empleados sonrientes y corteses hay muchos de sus ex compañeros a quienes tuvo que aplastar y manipular para lograr alcanzar su puesto, él no les guardaba ningún rencor por haber intentado impedir su ascenso hasta la cima, y suponía que como buenos perdedores ellos lo reconocían como ser superior y merecedor del puesto. Se encuentra tan hundido en estos pensamientos que no ve al señor Pellinger santificarse al pasar él frente a su escritorio, al mismo tiempo que la señorita Fellaon saca de su bolso una figura de madera similar a la él y la apuñala varias veces con un cortaplumas.
El día transcurre sin ninguna complicación. A la hora del almuerzo varios empleados le ofrecen alguna delicia que sus mujeres, o ellos mismos, han preparado especialmente para él. El señor Smith promete comprtirlos después con su fmilia y guarda todo en una bolsa que horas más tarde le entregará a algún vago estando más que seguro que la mitad de esos pastelillos contienen laxantes y distintos tipos de viagra. Son las típicas bromas de oficina.
Pocos minutos antes de abandonar la oficina para regresar a su hogar el señor Smith llama a su oficina a Arthur Grimer, un simpático anciano que ha trabajado para la empresa casi desde el día de su fundación.
- Buenas tardes Arthur- dice el señor Smith sonriendo.
- Buenas tardes hijo, ¿cómo están su esposa y sus hijos?- replica el anciano.
- Fenomenal Arthur, fenomenalmente bien.
- Me alegro.
- Arthur…- dice el señor Smith simulando una mueca de tristeza - ¿sabes por qué te he llamado aquí?
- Supongo que no fue para charlar sobre golf.
- Así es Arthur, no se trata de golf. En realidad esta tarea correspondería al presidente de recursos humanos pero como se trataba de ti prefiero hacerlo personalmente. La verdad es que eres un excelente empleado, el mejor de todos, es más, creo que esta empresa ya te queda pequeña y…
- Hijo, déjate de estupideces. He trabajado en esto durante mucho tiempo y sé perfectamente que lo que ustedes quieren es saber si planeo retirarme. Pues planeo hacerlo exactamente a fin de año, y cobrar así un retiro por 30 años de fiel servicio. Si eso era lo que querías saber sabrás disculparme, esta noche vienen mis nietos a cenar…
- En realidad Arthur, es un poco más complicado que eso.- dice abruptamente el señor Smith, avergonzándose por no haber terminado antes con el discurso del anciano – Verás, justamente por ser tu un empleado ejemplar no puedo comprender por qué a esta altura de tu vida has caído en la tentación de robar artículos invaluables de las oficinas de esta empresa…-
- ¿De qué demonios hablas?- interviene el viejo.
- Hablo de las 20 engrampadoras, los 10 mouses y la computadora portátil de la empresa que encontramos en tu portafolio. Lamentablemente esto nos pone en una situación muy penosa Arthur, nos vemos en la necesidad de despedirte sin que recibas la pensión que tan bien te has ganado.
- Maldito bastardo- grita Arthur Grimer –te voy a…
Es mejor no describir en detalle lo que sucede a continuación, digamos simplemente que la situación de Arthur se complicó aún más y que el señor Smith se acercó un escalón más a su anhelado ascenso.
Debido a las complicaciones del final de su jornada laboral, el señor Smith llega tarde a su casa y encuentra a su familia entera ya acostada y descansando pacíficamente. Camina hasta la cocina y calienta en el microondas la suculenta comida que su esposa la ha dejado preparada sobre un plato. Después de deleitarse con tan delicioso platillo el señor Smith se prepara ara la tarea más desagradable, aunque sin duda la más importante, de todo su día. Pone sobre una bandeja restos diversos de comida y baja hasta el espacioso sótano que se encuentra iluminado por una tenue luz proveniente de una pequeña lámpara de techo. El señor Smith deja la bandeja en el piso, sobre los restos de la comida que su esposa llevó allí más temprano.
Alumbrado por la luz se puede ver en una esquina de la habitación un cuerpo tirado sobre un colchón y con ambas piernas y manos atadas tras la espalda. El colchón está plagado de manchas de sangre y restos de comida cuto olor se entremezcla con el de la de la suciedad del lugar. Al percibir la llegada de alguien el cuerpo intenta incorporarse pero se encuentra demasiado débil y cae nuevamente sobre el colchón. Luego de unos segundos de pausa el cuerpo se arrastra hasta donde se encuentra la bandeja y hunde su cara en la comida, haciéndola desaparecer en pocos minutos. Después del breve festín el señor Smith toma las manos del sujeto y las cuelga de un gancho de carnicería que cae del techo. A continuación coloca un pañuelo en su boca y toma un látigo para caballos que adorna la habitación y comienza a golpear la espalda del pobre con fuerza al tiempo que le dice: -Tal vez lo pensarás dos veces la próxima vez que quieras salir con mi hija sin mi permiso joven Henry.-
El joven se retuerce del dolor ante cada nuevo golpe mientras que nueva sangre brota de sus viejas heridas. Finalmente el señor Smith se detiene, se seca el sudor de la frente, tira al joven nuevamente sobre su colchón y guarda el látigo. Luego recoge la bandeja y sale de la habitación procurando apagar la luz y cerrar la puerta con varias llaves al salir.
Cansado por todos los esfuerzos del día sube hasta su habitación y se mete en la cama inmediatamente después de desvestirse. Se duerme enseguida pensando en todo el bien que ha hecho por el mundo en un solo día.
Otro feliz día en la vida del señor Smith.

martes, febrero 14, 2006

Muerte a Cupido

El día de los enamorados es simplemente otra fecha que solo me sirve para amargarme la existencia, porque me recuerda que mientras el maldito gordo con alas anda enamorando a diestra y siniestra a mí solo me deja sufriendo en un rincón, y eso que yo nunca en mi vida hice nada para molestarlo, joderlo ni pasparle los huevos (si es que llegara a tener). Así que esta es una pequeña venganza personal contra ese angelito pedorro que nunca me quiso dar una mano.







En realidad lo único que demuestra este post es la poca capacidad que tiene su autor para aceptar sus propios errores y seguir con su vida. Sepan perdonarlo si les cayó mal este pequeño acto de descarga emocional, pero para eso existe este blog.